Caminando hacia el sol…

En marcha....

En marcha....

Por Georgina Hugues Montaño

 

Con el perdón de varios y de varias, este es un documento que la narradora debe de redactar en primera persona, pues se trata de su experiencia ante una nueva cultura, contrastada con la de su origen: México. Así que, a manera de blog, pido permiso y disculpas a los lectores de esta bella revista Horizontal para cumplir con sus objetivos planteados desde un principio; que esta revista virtual tiene espacio para todos, un horizonte donde el que quiera se puede acomodar para contar lo que sea que tenga que sacar desde ese lugar que tiene bien cuidado y guardadito en el centro. Así que comienzo. Actualmente me encuentro en Madrid estudiando un Máster en Investigación en Periodismo, Discurso y Comunicación.

Llegué a Madrid hace un poco más de un mes y una de mis primeras impresiones al ver la famosa Plaza del Sol fue que era muy pequeña. Me llamó la atención que en un espacio tan reducido naciera, el 15 de mayo de este año, un movimiento que es hoy de escala mundial. Claro que los medios de comunicación tienden a engrandecer o empequeñecer los hechos, cantidades, lugares y eventos según sea su antojo y propósito…ahí la explicación para las impresiones confusas.

Ayer, 15 de octubre, acudí a la marcha de los “Indignados” que no podían quedarse en casa mientras se tomaban las calles de todo el mundo. El movimiento del 15º comenzó en Madrid aproximadamente a las 16 horas, aunque desde en la mañana ya había manifestaciones de personas convencidas de que es necesario un cambio global. Gente que recibió al amanecer en la plaza ya mencionada haciendo yoga, por ejemplo. Los demás comenzaron a caminar desde distintos barrios de la ciudad para converger a las seis de la tarde en punto, en la Plaza de las Cibeles, ese lugar que vimos todos en la televisión con ríos de gente celebrando al final del Mundial del 2010.

Yo llegué tranquila, con mi cámara, herramienta que me permite volar y perderme entre las afluencias de gente, a veces, como si fuera un ente transparente que nadie ve. Ya había gente esperando en las Cibeles, desde donde se ve, hacia un lado la Puerta de Alcalá y hacia el otro, toda la calle Alcalá que sube y se bifurca para, por el lado derecho volverse Gran Vía y, por el lado izquierdo seguir como Alcalá y terminar en la Plaza del Sol, a donde todos llegaríamos (…en algún momento).

Media hora antes de que fuera la hora de la cita seguían pasando autos por estas calles, y los indignados que iban llegando obedecían civilizadamente a las señales de tránsito, sólo cruzar la calle cuando los semáforos iluminaban al transeúnte verde, y se juntaban invadiendo las banquetas. Ahí algunos de los organizadores repartían pancartas a los que no trajeran y algunos globos de colores que más tarde darían la señal de la salida hacia el sol. Pocos minutos antes de las seis de la tarde ya había una cantidad incalculable de gente. Nunca he sido buena para calcular las masas y menos sabiendo que los que estábamos ahí todavía no éramos todos, la gente seguía llegando de diferentes avenidas, gente que ya venía cantando “¡Qué no, que no, que no nos representan!”, “¡Y luego diréis que somos cinco o seis! ¡Y luego diréis que somos cinco o seis!”. (Nota aquí, los periódicos locales calculan que hubiera alrededor de 46 mil personas, para mí y para la gente que iba conmigo, que había más, precisamente por este asunto de que no había forma de verlos a todos en un solo sitio, avenidas principales, plazas y calles estaban atascadas con gente que avanzaba a paso lento).

Como buena chismosa que soy, no me fijé solamente en los manifestantes, que por sí solos ya llamaban suficiente la atención por ser gente de todo tipo, todos los estratos sociales y de todas las edades, encima, gente con esperanza y con ganas de un verdadero cambio al sistema del que formamos parte. Un viejo tocando la armónica y que dedicaba todas sus tonadas “a los jóvenes, porque ustedes son los encargados de cambiar esto, porque ustedes se lo merecen, por el simple hecho de ser jóvenes”. Un payaso que con su megáfono les cantaba a los niños que estuvieran cerca, uno que otro chino vendiendo cervezas, aguas y refrescos, otro vendedor de “patatas fritas” y una chica, que al igual que la gran cantidad de fotógrafos que estábamos ahí, capturaba imágenes, pero con sus pinceles y acuarelas.

Los globos de colores se elevaron al mismo tiempo y se perdieron en el cielo cuando la marabunta ya estaba avanzando, todos tranquilos, de vez en cuando coreando lo mismo, brincando al mismo tiempo y levantando las manos ante el asalto del capitalismo que los indigna a todos. Esto suena sencillo y normal dentro de una manifestación, pero cuando se ve con una cantidad incalculable de gente es bastante impresionante, pues, si en realidad fueran los cinco o seis gatos que nadie escucha entonces sí, pobrecillos, pero tanta tanta gente junta por un mismo fin ya quiere decir algo. Aunque no exista una propuesta concreta, aunque el principio sea sólo indignarse y tomar las calles, eso es sólo un principio…y como se podía leer en algunas pancartas; “hemos despertado”.

El atardecer hacía que, efectivamente, pareciera que el mar de gente avanzaba con oleadas de risas y cantos hacia el sol. Lugar a donde, para las seis y media de la tarde ya no se podía acceder por la calle de Alcalá, la marcha se volvió a dispersar por las callecitas que rodean la plaza, donde la gente avanzaba lenta pero paciente y con el sólo propósito de pisar, aunque fuera por unos momentos, el lugar en donde nació el movimiento.

A las ocho de la noche no había forma de entrar, se escuchaba la gente con efusividad, pero a pocos metros de llegar al sitio la gente estaba parada. Por un momento yo y otros compañeros de la maestría, que nos encontramos a mitad de camino, creímos que no podríamos entrar al lugar deseado, pues no había forma de avanzar ni hacia atrás ni hacía adelante. El coro general que de pronto estalló fue “¡Sol está peta’o, nos vamos a Gran Vía! ¡Sol está peta’o, nos vamos a Gran Vía!”, avenida en donde se dispersaron, muertos de la risa por el éxito evidente del movimiento, Mafaldas, Sombrereros locos y “V’s”, personaje de “V de Venganza” que se ha vuelto uno de los emblemas del 15o.

Nosotros al final pudimos llegar después de un rato, caminamos por Gran Vía hacia Plaza del Callao y de ahí, increíblemente y sin tanta gente amontonada, bajamos a pisar el sol. Ahí estaban juntos indignados desempleados, indignados exorcistas del capitalismo, indignados jóvenes y adultos, indignados pijos (en México llamados fresas), indignados hippies, indignados en familia, indignados saxofonistas, tenores, flautistas y demás indignados músicos que formaron un círculo y tocaron para los demás indignados presentes. Así hasta por ahí de las doce de la noche, o incluso más tarde, momento que ya no me quedé a presenciar, pues ya los pies me dolían y estaba con la tremenda inquietud de llegar a casa para ver en México cómo sería, la toma de las calles a donde ya les había llegado el sol, testigo de la oleada de indignados a lo largo de todo el globo en este 15o.