Cautivos: los personajes de Atom Egoyan

niña de cautiva

A mí me sigue entusiasmando mucho ir al cine, dejarme hipnotizar por esa gran pantalla por el lapso de dos horas como mínimo, la experiencia para mí no es comparable a ver cine en TV o en la computadora; sin embargo, a veces es difícil encontrar alternativas al cine norteamericano comercial en una ciudad como Cancún, aunque aclaro que también disfruto enormemente con ciertas películas gringas de puro entretenimiento, con increíbles efectos, fantasía, grandes producciones, con hermosos vestuarios, actores carismáticos y acción desenfrenada; pero a veces uno busca algo más, otros modos de ver, de mostrar, de profundizar, de indagar en el alma humana, de dejar atrás tantos estereotipos y situaciones predecibles a los que nos tiene acostumbrados el cine hollywoodense y, sobre todo, otros modos de narrar, de alterar el tiempo, de diseñar el espacio.
Hace un par de semanas se estrenó la última cinta de un director muy especial, que tiene un estilo expresivo que no es del agrado de muchos, pero que ha sido reconocido y valorado también en varios círculos de cinéfilos, se trata de Atom Egoyan, de origen armenio, quien radica en Canadá y la cinta se titula Cautiva (The captive, 2014), no entiendo por qué le cambiaron el tílulo en español a Cautiva, cuando Cautivos refleja totalmente el sentido del director.
la pareja de cautiva
Cautiva narra el drama terrible de una familia en donde el padre Matthew (Ryan Reynolds) y Tina (Mireille Enos), la madre viven un insoportable dolor después de que Cassandra, su hija de ocho años, es secuestrada. Ocho años más tarde la policía sigue indagando, sobre todo dos detectives: Nicole (Rosario Dawson) y Jeffrey (Scott Speedman). Para el agente Jeffrey, el padre es el principal sospechoso, mientras que Matthew no deja de buscar por su cuenta, pues está convencido de la ineptitud de la policía (lo cual es muy común). La madre vive en un estado de tensión y tortura psicológica tremenda (lo que por cierto es parte del juego perverso) y no puede perdonar a su esposo, al culparlo por la despaparición de la niña, a quien la secuestran estando con él.
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El tema de fondo es la denuncia de las redes de pedofilos y el abuso hacia menores en sociedades de abundancia y cómo esto ha proliferado y se ha vuelto algo muy sofisticado a través de internet. Tecnología al servicio del voyeurismo. Los delincuentes llevan una vida social convencional, rica y en apariencia respetable.
Todo el filme se desenvuelve en un tono de suspenso psicológico, apenas contenido, en espacios helados, azules,en donde los personajes viven cautivos de un drama insoportable y opresivo, pero sin violencia explícita. Si el espectador espera ver sangre, violencia y escenas de abuso infantil, se va a decepcionar,y eso es uno de los valores de la cinta, a mi juicio, pues no es complaciente con la morbosidad del espectador. La cinta transcurre con una narrativa en la que hay saltos de tiempo, pero muy bien planteados para mostrar algunos momentos clave en la vida de esta feliz familia, hasta que sucede el fatal secuestro.
Atom Egoyan, vive en Canadá, es originario de El Cairo y de familia armenia, su procedencia étnica y multicultural está presente en todas sus historias. Los lazos familiares, las huellas del dolor ante situaciones trágicas; hay que recordar la película de El dulce porvenir, (1997) en la que se narra la historia y la culpa que viven los adultos después de la muerte de varios niños un trágico accidente de camión escolar; o la incapacidad del ser humano para superar la soledad, como en Exótica sobre un hombre que ha perdido a su familia y acude cada noche a ver a una bailarina en un club nocturno son temas presentes en la obra de Egoyan, al igual que las dificultades de integración, la injusticia, el sinsentido de la crueldad y la inocencia pisoteada. El cine de Egoyan está siempre centrado en el estado interior de sus personajes, los cuales cargan con heridas imborrables. Me parece que es una buena opción para ir al cine este fin de semana.