Cronología

El-Tiempo_Es_Oro

Por: Mayra Alejandra Ávila Suárez

El homínido más antiguo que se ha encontrado hasta el día de hoy, es el que pertenece a la especie Sahelanthropus tchadensis, mismo que vivió en Chad hace unos 7 millones de años, mejor conocido como “Toumaï”, el cual constata la teoría de que hombre y simio tuvieron líneas genealógicas totalmente independientes.

Antiguamente, muchos filósofos reflexionaron sobre la cuestión de la existencia humana; entre ellos encontramos a Anaximandro, para quien el tiempo permite que haya orden en el universo; Parménides por su parte crea la primera concepción de eternidad, al afirmar que “el ser no fue ni será, sino que es, a la vez, uno, continuo y entero”. Más adelante Platón desarrolla su propia teoría, la cual percibe al tiempo como un movimiento cíclico, como una imagen móvil de la eternidad y emuladora de la misma. A través de los años, el mundo sensible de las ideas, se expresa en el mundo material, lo cual simboliza una representación de la eternidad.

Aristóteles prefiere no relegar el tiempo a cuestiones de percepción, como lo hace Platón, y más bien vincula el tiempo al movimiento, sin tomar en cuenta el ritmo del mismo, sino más bien la serie de eventos que provocan los cambios, y por lo tanto marcan un parte aguas en la humanidad. Gracias a este pensador, la idea del tiempo revoluciona hacia un nivel más científico incorporando la Física, así como la concepción del tiempo a través de una conciencia que lo percibiese, de lo contrario simplemente no existiría.

Sin embargo, dichas concepciones del tiempo, poco tienen que ver ya con las nociones actuales de temporalidad, que bien podrían resumirse en la popular frase de Benjamin Franklin: “el tiempo es oro”. Desde la Revolución Industrial ocurrida en Inglaterra a mediados del siglo 18, que renovó las formas de producción introduciendo al capitalismo, el hombre se ha ido preocupado cada vez menos por las artes o las ciencias como hacían los filósofos griegos, para priorizar las formas, según los estándares, en vez del contenido, la búsqueda del placer y la acumulación de riqueza.

Hoy, el tiempo vale en tanto se obtenga a través de él un beneficio económico. De otra forma, es desperdicio. No son necesarios los valores humanos o espirituales, porque con el poder que brinda el dinero es posible conseguir lo que sea, lo cual nos llevará a ser felices, según la ideología del hombre light.

El consumismo es un parte fundamental del capitalismo, pues como la propiedad privada se impone como herramienta de producción de riqueza, es necesario poseer lo más que se pueda a la mayor brevedad posible, aunque la mayoría de lo que se anuncia a través de los medios de comunicación no sea totalmente necesario para sobrevivencia humana.

A un hombre le puede llevar la vida entera comprarse el coche o casa de sus sueños, puede tardarse años para recibir un aumento de suelo o ascender de peldaño en la organización donde trabaja. Otros ni siquiera llegan a realizar alguno de los anteriores, puesto que esta sociedad de consumo ha propiciado crisis financiera, lucha de clases y un enorme abismo entre la calidad de vida de ricos y pobres, siendo el mayor logro la esclavitud del hombre por el hombre.

En la Prehistoria ni siquiera existía una moneda. La vida no dependía del éxito social, político o económico, sino más bien de la búsqueda de la sobrevivencia, primero en homínidos aislados que luego se fueron acomodando en pequeños grupos. Cada segundo era valioso. Hoy lo sigue siendo. Sólo que nuestro mundo ha cambiado, ha sido revolucionado, golpeado, destruido y reconstruido a lo largo de la historia. Los responsables de todo ello, para bien o para mal, en el devenir del los tiempos, somos nosotros mismos.