Cuentos de Cortázar

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Por: Sofía Priscila Pérez Valle

Personajes y situaciones fuera de lo común, creaturas extrañas, reacciones inesperadas y ambientes surrealistas, sobre eso y más escribe Julio Cortázar en su compendio de cuentos titulado Bestiario, mismo en el que el autor argentino afirma estar seguro (por primera vez) de lo que está diciendo.

Los ocho cuentos de Bestiario entre los que se encuentran Casa tomada, LejanaLas puertas del cielo, surgieron gracias a un proceso de auto-terapia de carácter psicoanalítico, razón por la cual se perciben ciertos matices neuróticos, como si se pasara de una fantasía colorida a una pesadilla sin salida. Las transiciones se dan de un modo natural e imperceptible, y pese a que Cortázar maneja siempre un grado de incomodidad, ésta funge como la miel que endulza la lectura, o mejor dicho como esa parte agridulce que si bien, sabe diferente, jamás se olvida.

Uno de los textos más imaginativos es el de Carta a una señorita en Paris, cuyo protagonista vomita conejitos de distintos colores. Todo surge cuando su amiga Andrée le pide cuidar su casa debido a un viaje que tiene por delante, el hombre acepta más por compromiso que por gusto sabiendo incluso que un terrible nerviosismo lo gobierna. El no estar habituado al nuevo hogar temporal, lo vuelve impredecible, y allí en medio de la frustración y la soledad comienza a vomitar conejitos del tamaño de un trébol. – “De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito”- dice el protagonista en sus soliloquios. La repetición de este desagradable acto se torna tan normal que en la casa llega a haber hasta once conejitos rebeldes que poco a poco destruyen todo a su paso, dejando la casa en un pésimo estado. Aquel que les dio vida se va desgastado a la par del inmueble, en ocasiones se plantea deshacerse de los animalitos pero la ausencia de ánimo lo lleva al descuido, a la pereza. La depresión incrementa.

El personaje principal repara como puede los daños de la casa sin embargo son tantos y él tan débil que decide suicidarse para no tener que lidiar con dicho costal de males, los conejos mueren junto con él. -“No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.” – escribe el protagonista en su última carta a la dueña.