De Panzazo, documental taquillero

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Por: Maricris Atala

El documental taquillero más reciente de México, De panzazo, podría pasar por una cinta guerrillera, puesto que de manera aparente embiste contra lo fijo, lo definido y lo “eterno” del sistema educativo en nuestro país.

El documental, calificado por sus creadores como “independiente”, esconde un patrocinio empresarial y un “líder copular de la iniciativa privada nacional”. El pretensión original de impulsar la reflexión ciudadana, se eclipsa con la evasión de temas como la relación de Elba Ester Gordillo con Felipe Calderón y los convenios de la ésta con Emilio Azcárraga Jean, cristalizados en la producción y exhibición mediática y abrumadora en su premiere.

Se esconde también, la empresa que toma como estandarte el “no educar” a la audiencia mexicana: Televisa. Las casualidades no se hacen esperar, al ser un documental estrenado justo, un año después de que Presunto Culpable, que si bien cumplió con causar una simulación de revuelo entre los espectadores. De esta manera,  la ultraderecha empresarial, cumplía ambiciosamente el apoderarse del medio documental, apuntándolas como “alternativas”.

El cinismo fue claro, pues el trampolín que les brinda el apoderamiento del tema educativo, da luz verde para apropiarse de la educación pública con demagogia y argumentos de gente “conocedora” y “capaz”.

El despotismo de Carlos Loret de Mola, siguió al proponer ser valientes y “no tener miedo” a hacer documentales comerciales y populares que favorezcan el rating y abarquen a mayor población; qué mejor hacerlos de esta manera que involucrarse en temas profundos y “confusos”, en los que nadie pudiera estar interesado.

Por si fuera poco, el creador de la idea documentable, se abstuvo de meterse en el proceso de postproducción si no así, de salir a cuadro, siendo él único protagonista y “salvador”. Creyendo así, que antecediendo a ese “bombazo”, nunca hubo documentales de semejante profundidad e indagación creativa. Ahora, vemos que tanto la producción como la distribución y promoción de ambos documentales (Presunto culpable y De panzazo), sólo permiten la generación de un nuevo tentáculo, una extremidad que en forma lenta va ocupando el lugar y el discurso de los independientes, haciéndose pasar por uno de ellos.

“El monopolio se encarga de copar todos los espacios del audiovisual en México, mimetizándose, con los discursos de origen ciudadano e intentando crear cadenas de acción social en torno a sus productos.”  (Mendoza, 2011)