El tiempo es una ilusión

 

 

El presente se diluye entre pasado y futuro

Por: Sofía Pérez

Ese día lo vi. Lo conocía desde hacía ya tiempo, pero ese día lo vi, lo miré, lo observé; las capas de tiempo sobre su piel delgada pegada a los huesos, los nudillos prominentes a manera de montañas pequeñas en unas manos arenosas (raposas a la vez que delicadas), el cuello varonil en un cuerpecillo de niño, las escasas pestañas, la irregular nariz, la pequeñez de pies, la rectitud de labios, lo sumido de los pómulos. Sin duda el juego personificado entre niñez y adultez, un enigma andante, el tiempo detenido y andante.

Hablamos del tiempo. Del tiempo como invento, de la creación de tres tiempos básicos; pasado, presente y futuro. Del tiempo que corre y del que no corre, del tiempo congelado, diluido. Del pasado que fue y no existe más, del pasado que se sigue viviendo, del presente que es y se esfuma y nunca más es, del futuro que lo es todo, del pasado futuro, del futuro pasado, del presente que ya es pasado y del pasado que pretendió ser presente y es ahora futuro.

Ese día lo vi y hablamos. Hablamos de todo y nada mientras el tiempo seguía su imparable curso, acelerándose mientras reíamos y deteniéndose mientras reflexionábamos. El presente se difuminaba entre recuerdos imborrables y planes próximos. Hablamos sobre risas y lágrimas, sobre amor y desamor, sobre las heridas del corazón, sobre los moretones internos causados por las mentiras y la deshonestidad pero hablamos sobre todo del tiempo, de lo incomprensible y seductor de el tiempo.

¿Qué era realmente el tiempo, cómo lo concebíamos él y yo? ¿Sería que existía un tiempo por cada persona o existiría realmente un tiempo general, global, universal? ¿Sería el presente el tiempo en el que él y yo vivíamos? A fin de cuentas, ¿cómo podríamos describir el presente; cómo un día, cómo una hora, un minuto, un segundo, un instante? ¿Qué era un instante? ¿Qué era el presente? Mencioné a Ramón Kuri Camacho quién basado en Ramón Xirau escribe sobre la presencialidad y ontologización del presente, catalogándolo como “una situación de pura temporalidad” (Camacho, 2001) Camacho plantea que el presente intenta olvidar los hechos históricos que representan la presencia del pasado para renunciar así a una trascendencia de compromiso moral con el futuro.

Lo comenté y asentimos, realmente intentábamos llegar al fondo. Seguimos  con Camacho, aferrados, (tal vez cómo él) en que en la actualidad el presente busca ser eterno, (aunque una vez más, ¿cuál sería el significado de lo eterno, de eternidad?) único, codiciado. Siendo así, lo actual, “lo de hoy”  sería lo único valioso, puesto que en “el fabuloso presente”, el pasado no existe y el futuro se vislumbra lejano. Sin embargo, el concepto de actualidad también ha cambiado  – ¿Qué es hoy la actualidad?- se pregunta Ignacio Ramonet en su libro La tiranía de los medios (Ramonet, 1998).  Si el experto en comunicación se lo preguntaba, ¿qué nos dejaba a nosotros, a mí y a él? Para ambos, el presente no significaba nada, los recuerdos y planes próximos ocupaban nuestro tiempo, me encontraba estancada en lo que había sido o vendría a ser, no en lo que era en ese ahí y en ese ahora, por ello el tiempo no era más que una reconstrucción de los momentos vividos y una compleja e idealista estructura del porvenir.

Parafraseando a Ernesto Sábato en su libro El túnel tenemos que mientras se vive el supuesto presente, se añora el pasado y se recrean eventos o bien se construyen e incluso visualizan situaciones que se esperan. (Sábato, 1948) Por ende, en este triple juego de tiempos, con raíces profundas en la añoranza y la idealización, el presente se desvanece, se esfuma, no existe. Sin embargo, “el pensamiento productivista de occidente parece habernos llevado a una crisis de siempre más y por ende a un sobrevaluo de la inmediatez” como dice Stephane Hessel1 (Hessel, 2011). Inmediatez misma que el presente idolatra, agrego yo, inmediatez que un presente fugaz busca instituir para no desaparecer tan rápido, para existir así sea por una milésima de segundo, para evitar rendirle cuentas al futuro, para evadir responsabilidades, para (una vez más lo cito) “renunciar a toda trascendencia moral” (Camacho, 2001) para no

1.-Diplomático en activo en muchas misiones de interés a favor de la justicia y la paz. Frecuentó la vanguardia parisina y participó en la redacción universal de los Derechos Humanos.

lidiar con la terrífica incertidumbre, para no envejecer, para alejarnos del escalofriante y abrumador tema del tiempo evitando de paso disertaciones enredadas tales como en las que nos encontrábamos él y yo. Él, que había logrado capturar la esencia del pasado, que albergaba en su cuerpo no erguido, el alma de un niño curioso que cuestiona en demasía, y yo, que me encontraba temerosa ante mi propia percepción del tiempo, ante las múltiples visiones respecto a la aceleración progresiva de los minutos y la liquidez de las horas. Ese día reflexioné sobre esto; fue ese día que lo ví y fue ese día que hablamos, el día que comprobamos la muerte del presente.

Bibliografía

 

Camacho, R. K. (2001). Tres pensadores mexicanos. (U. A. Zacatecas, Ed.) Zacatecas, Zacatecas, México: Plaza y Valdéz.

Sábato, E. (1948). El túnel. Argentina: Austral.

Hessel, S. (2011). Indígnate. (S. Destino, Ed.) España: Editorial Planeta Mexicana (2da edición).

Ramonet, I. (1998). La tiranía de los medios. España: Editorial Debate.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El tiempo es una ilusión: El presente se diluye entre pasado y futuro

Sofía Pérez

Ese día lo vi. Lo conocía desde hacía ya tiempo, pero ese día lo vi, lo miré, lo observé; las capas de tiempo sobre su piel delgada pegada a los huesos, los nudillos prominentes a manera de montañas pequeñas en unas manos arenosas (raposas a la vez que delicadas), el cuello varonil en un cuerpecillo de niño, las escasas pestañas, la irregular nariz, la pequeñez de pies, la rectitud de labios, lo sumido de los pómulos. Sin duda el juego personificado entre niñez y adultez, un enigma andante, el tiempo detenido y andante.

Hablamos del tiempo. Del tiempo como invento, de la creación de tres tiempos básicos; pasado, presente y futuro. Del tiempo que corre y del que no corre, del tiempo congelado, diluido. Del pasado que fue y no existe más, del pasado que se sigue viviendo, del presente que es y se esfuma y nunca más es, del futuro que lo es todo, del pasado futuro, del futuro pasado, del presente que ya es pasado y del pasado que pretendió ser presente y es ahora futuro.

Ese día lo vi y hablamos. Hablamos de todo y nada mientras el tiempo seguía su imparable curso, acelerándose mientras reíamos y deteniéndose mientras reflexionábamos. El presente se difuminaba entre recuerdos imborrables y planes próximos. Hablamos sobre risas y lágrimas, sobre amor y desamor, sobre las heridas del corazón, sobre los moretones internos causados por las mentiras y la deshonestidad pero hablamos sobre todo del tiempo, de lo incomprensible y seductor de el tiempo.

¿Qué era realmente el tiempo, cómo lo concebíamos él y yo? ¿Sería que existía un tiempo por cada persona o existiría realmente un tiempo general, global, universal? ¿Sería el presente el tiempo en el que él y yo vivíamos? A fin de cuentas, ¿cómo podríamos describir el presente; cómo un día, cómo una hora, un minuto, un segundo, un instante? ¿Qué era un instante? ¿Qué era el presente? Mencioné a Ramón Kuri Camacho quién basado en Ramón Xirau escribe sobre la presencialidad y ontologización del presente, catalogándolo como “una situación de pura temporalidad” (Camacho, 2001) Camacho plantea que el presente intenta olvidar los hechos históricos que representan la presencia del pasado para renunciar así a una trascendencia de compromiso moral con el futuro.

Lo comenté y asentimos, realmente intentábamos llegar al fondo. Seguimos  con Camacho, aferrados, (tal vez cómo él) en que en la actualidad el presente busca ser eterno, (aunque una vez más, ¿cuál sería el significado de lo eterno, de eternidad?) único, codiciado. Siendo así, lo actual, “lo de hoy”  sería lo único valioso, puesto que en “el fabuloso presente”, el pasado no existe y el futuro se vislumbra lejano. Sin embargo, el concepto de actualidad también ha cambiado  – ¿Qué es hoy la actualidad?- se pregunta Ignacio Ramonet en su libro La tiranía de los medios (Ramonet, 1998).  Si el experto en comunicación se lo preguntaba, ¿qué nos dejaba a nosotros, a mí y a él? Para ambos, el presente no significaba nada, los recuerdos y planes próximos ocupaban nuestro tiempo, me encontraba estancada en lo que había sido o vendría a ser, no en lo que era en ese ahí y en ese ahora, por ello el tiempo no era más que una reconstrucción de los momentos vividos y una compleja e idealista estructura del porvenir.

Parafraseando a Ernesto Sábato en su libro El túnel tenemos que mientras se vive el supuesto presente, se añora el pasado y se recrean eventos o bien se construyen e incluso visualizan situaciones que se esperan. (Sábato, 1948) Por ende, en este triple juego de tiempos, con raíces profundas en la añoranza y la idealización, el presente se desvanece, se esfuma, no existe. Sin embargo, “el pensamiento productivista de occidente parece habernos llevado a una crisis de siempre más y por ende a un sobrevaluo de la inmediatez” como dice Stephane Hessel1 (Hessel, 2011). Inmediatez misma que el presente idolatra, agrego yo, inmediatez que un presente fugaz busca instituir para no desaparecer tan rápido, para existir así sea por una milésima de segundo, para evitar rendirle cuentas al futuro, para evadir responsabilidades, para (una vez más lo cito) “renunciar a toda trascendencia moral” (Camacho, 2001) para no

1.-Diplomático en activo en muchas misiones de interés a favor de la justicia y la paz. Frecuentó la vanguardia parisina y participó en la redacción universal de los Derechos Humanos.

lidiar con la terrífica incertidumbre, para no envejecer, para alejarnos del escalofriante y abrumador tema del tiempo evitando de paso disertaciones enredadas tales como en las que nos encontrábamos él y yo. Él, que había logrado capturar la esencia del pasado, que albergaba en su cuerpo no erguido, el alma de un niño curioso que cuestiona en demasía, y yo, que me encontraba temerosa ante mi propia percepción del tiempo, ante las múltiples visiones respecto a la aceleración progresiva de los minutos y la liquidez de las horas. Ese día reflexioné sobre esto; fue ese día que lo ví y fue ese día que hablamos, el día que comprobamos la muerte del presente.

Bibliografía

 

Camacho, R. K. (2001). Tres pensadores mexicanos. (U. A. Zacatecas, Ed.) Zacatecas, Zacatecas, México: Plaza y Valdéz.

Sábato, E. (1948). El túnel. Argentina: Austral.

Hessel, S. (2011). Indígnate. (S. Destino, Ed.) España: Editorial Planeta Mexicana (2da edición).

Ramonet, I. (1998). La tiranía de los medios. España: Editorial Debate.