Ética periodística: La verdad pone en jaque a la prensa

El periodismo digital minuto a minuto gana terreno sobre el convencional. El periodismo digital minuto a minuto gana terreno sobre el convencional.

Andrea Contreras*

 

Hace unos días me llamó la atención el título de un video en YouTube, (que estaba entre los más populares) titulado; “Cansado de la prensa”, mismo que pertenecía al videoproductor en la plataforma YouTube, Rubén Doblas Gundersen. En este video platicaba sobre cómo había sido engañado y humillado a causa de una entrevista concedida a corresponsales de un periódico, en el que había depositado su confianza; pero que desafortunadamente no le habían correspondido con respeto.

Esto me hizo reflexionar sobre la falta de compromiso y ética en la que actualmente gran parte de la prensa está sumergida.  No se necesita mucho para observar que este medio, va en caída libre por diversos factores, desde los más ecológicos, hasta los relacionados con la falta de verosimilitud. ¿Por qué manipular la información de un entrevistado que fácilmente puede defenderse, en una plataforma de alta demanda y generar más impacto?

Según datos recientes del periódico español El País, YouTube es la tercera web más visitada del mundo y recibe 300 horas de vídeo por minuto, desde las cuatro esquinas del planeta. Además de ser un medio absolutamente directo con sus usuarios, que crea una conexión ganando la confianza y apoyo del espectador. Ésta debería de ser una alerta para todos los medios convencionales de comunicación. Cada vez, se vuelve una tarea más difícil creerle a la televisión, a la radio y a la prensa. ¿Por qué arriesgar el futuro de los medios convencionales de comunicación, con el afán de seguir manipulando la información?

Este es un llamado de atención, una exhortación a los medios a que se apeguen a la verdad, con la imparcialidad que siempre debe caracterizarlos. La clave para hacer un trabajo con profesionalismo, es sencilla: simplemente ser una buena persona. Entiendo lo difícil que esto puede ser, pues aunque a veces queremos actuar bien, el “sistema”, los filtros, la política de la empresa, nos impiden hacer lo correcto.

El periodismo está pasando por una crisis de credibilidad.
El periodismo está pasando por una crisis de credibilidad.

Esta misma situación acorrala al periodista, quien en su desesperación busca falsas salidas que se alejan de la verdad y que pueden desencadenar en plagios. “La aceleración de la vida en la prensa no permite tener el tiempo de pensar lo que es correcto, generando un pensamiento  de mala calidad” (Darío Restrepo).  Resulta inconcebible encontrar casos de periodistas exitosos, que de repente pierden su prestigio y credibilidad, entonces se suelen escuchar expresiones como: “¿Por qué estando tan bien acomodado hizo plagio?” o “¡Mira el futuro que tenía! y por mentiras dónde acabó”.

El plagio es la acción máxima de desesperación en donde los periodistas van formando maneras cada vez más grandes de encubrir sus mentiras, volviéndose expertos y cuando quieren salir, voltean atrás llevándose la sorpresa de la gran red de mentiras que han formado, avergonzándose y sintiendo que no hay marcha atrás. Comprendiendo esto, ya no es tan patético entender casos de profesionales que por causa de desesperación caen en este vicio. Casos como Sari Horwitz, The Washington Post; Johann Hari, de The Independent;  Jayson Blair, de The New York Times, entre otros muy conocidos, ejemplifican este síndrome que no sólo afecta la reputación de ellos mismos, sino, la de otros periodistas del mismo medio que cumplen con profesionalismo su labor.

Es evidente que los temas de los que más se fía gran parte de la prensa, actualmente en nuestro país, son los escándalos políticos, deportivos y de espectáculo. Y se hace cualquier cosa para hacer de estos tres, enormes monstruos de manipulación para las masas. No se cree que el simple hecho de hablar con la verdad pueda ser suficiente y retumbar, concluyendo en una terrible desesperación, optando por banalidades y amarillismo injustificado.

Las personas ya no creen en la ética profesional que dicen tener los periódicos, porque ellos mismos no se lo creen. Necesitamos hoy más que nunca el poder positivo, que antes se le concedía, ya que ese poder, es la herramienta esencial para la libertad. Está comprobado que el dinero y la ética no se llevan, y cuando hablo de dinero, no me refiero al pedazo de papel, sino al valor que el hombre le da y lo que está dispuesto a hacer por él. Éste no debería ser el principal objetivo del periódico sino el de informar con la verdad, pues es la única que merece ser difundida. El periodista debe de ser independiente para llegar a la verdad. Puedes hacer las cosas bien, sin venderte.

Uno de los casos más famosos de plagio es el de Stephen Glass que inventó artículos cuando trabajaba para la revista The New Republic.
Uno de los casos más famosos de plagio es el de Stephen Glass que inventó artículos cuando trabajaba para la revista The New Republic.

Requerimos de periodistas éticos, justos, honestos e imparciales, que contribuyan a la creación de la luz en las mentes de los que los leen, ven y escuchan, porque de él es la misión de inducir y proteger la libertad de las personas.

Javier Darío Restrepo, el maestro de la ética periodística, en una de sus entrevistas, dice que el periodista se forma para encontrar la verdad de los hechos con la ayuda de la exactitud y aunque sabemos que no existe una verdad absoluta, es una obligación mantener una búsqueda constante. Entonces, en este esfuerzo de encontrarla, se descubre que la ética profesional parte del interior de las personas.

Todo aquel que sea consciente, de que la palabra es el instrumento del cambio, debe de aspirar a ser útil con lo que escribe. “La verdad lo es todo y cuando un hombre dice la verdad, lo dice todo”.

* Alumna de cuarto semestre. Ciencias de la Comunicación