Fusión de dos visiones

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María Jesús Sánchez Sierra

La elite cultural es la encargada de establecer normas de gusto, especialmente en el ámbito artístico y muy particularmente en la literatura. Pero si un indígena que aprendió a leer y escribir plasma en papel algo de lo que la tradición oral le ha dejado, y se encarga de crear un cuento o cualquier otro tipo de texto ¿Puede la elite cultural llegar a considerar a estos escritos como quehacer literario? ¿Podemos encajar la literatura indígena en las normas estrictas que establece la elite cultural?, y antes que nada deberíamos preguntarnos ¿Existe como tal una literatura indígena? De estas y demás cuestiones nos ocuparemos en las siguientes líneas.

Desde la llegada de los españoles se ha silenciado a los pueblos originarios y no se les ha tomado en consideración al momento de conformar la “alta cultura”. Ni siquiera en la época de la Independencia o la Revolución se les concedió a los a los habitantes nativos una participación más activa en las cuestiones del país, y mucho menos en el ámbito artístico.

Se ha tenido desde hace mucho tiempo la visión de que los pueblos indígenas son poca cosa y se les cataloga como pobres en todo el sentido de la palabra; y aunque no podemos negar que en nuestro país existe una gran relación entre la pobreza y pertenecer a un pueblo originario, debemos dejar en claro que no todos los pobres son indígenas. En efecto, la gran diferencia que existe entre la sociedad indígena y el resto de la sociedad es la cantidad, no la cualidad; son menos en cantidad, pero no lo son en cualidad; simplemente son culturas distintas que buscan la forma de integrarse.

Con todo el desprecio hacia los nativos, en el siglo XX surgió un grupo de escritores que seguían las reglas establecidas por la elite cultural, pero abordaban temáticas de índole indígena; a esta literatura se le llamó “literatura indigenista”. Sus autores eran mestizos, y aunque sus intenciones eran buenas, no lograron entender del todo la cultura indígena por no ser parte de la misma. Inclusive este artículo pudiera caer dentro de esta denominación. Un gran ejemplo de literatura indigenista podría ser la obra de Rosario Castellanos, representada en trabajos como la novela Balun canan (1957).

chu2 Manuel Espinosa Sainos, poeta indígena, en el ciclo La Primera Raíz. Literatura en otras lenguas de México. Recuperado de https://www.elhorizontal.com/blog/2013/11/15/manuel-espinosa-poeta-de-la-raiz/

 

No fue sino hasta años recientes que se empezó a conformar una literatura propia de los pueblos indígenas; escrita por los miembros de sus comunidades, en sus propias lenguas e inclusive en versión bilingüe.

 

Cada vez es más cercano a nosotros que alguien proveniente de algún pueblo, viaje a la ciudad para recibir una educación formal. A pesar de las dificultades que esto represente para los indígenas; como el caminar largos tramos para llegar a la escuela, o simplemente la discriminación que se pudiera suscitar entre los mismos compañeros del colegio, hemos visto actualmente el surgimiento de profesionistas indígenas, que en su mayoría van conformando su propio discurso cultural.

 

chu3Sin embargo no a todo profesionista indígena se le puede considerar intelectual cultural, así como del mismo modo existe personas indígenas que con trabajo aprendieron a leer y a escribir pero que están comprometidos en defender su cultura; a estos también se les puede considerar intelectuales culturales. Tanto la persona que estudió, como la persona que vive día a día inmerso en su cultura y que cree fielmente en ella, son partícipes importantes al momento de crear una identidad cultural y en específico una literatura indígena, que es el tema propio de este texto.

 

Retomando un poco lo que se mencionaba al principio sobre la elite cultural y su relación con la literatura indígena, estas son completamente incompatibles; es como querer meter una pelota en un espacio cuadrado: simplemente no va a entrar.

 

Si intentamos ver a la literatura de los pueblos originarios bajo los cánones establecidos, terminaríamos por despreciar su valor artístico. Existen muchas palabras en las lenguas prehispánicas que carecen de un significado preciso en el español y que al mismo tiempo aportan a la literatura indígena una estética y una semántica inigualable.

 

Del mismo modo resulta difícil encasillar los textos literarios indígenas en alguno de los géneros literarios convencionales, como el cuento, la novela, el ensayo etc. Mucho de esto se debe a la tradición oral. La gran mayoría de los textos indígenas empiezan como cuento y terminan como ensayo; inclusive en muchos dialectos utilizan el mismo vocablo para denominar a un cuento, un texto e inclusive una plática. Un ejemplo de esto es el chinanteco, donde solo existen tres géneros gramaticales; el humano, el animado y el inanimado.

 

Ante esta problemática podríamos pensar en crear una nueva elite cultural, que se haga cargo de establecer normas conforme a las culturas de los pueblos originarios, sin embargo, esto sería demasiado complicado, debido a que los indígenas no son el único grupo minoritario que lucha con esta problemática ¿tendríamos que formar un grupo de intelectuales que determinen reglas especificas, por cada grupo minoritario que no logre encajar con los cánones establecidos? Evidentemente esto no sería posible, la única vía alterna ante esta problemática sería que la elite cultural, sin hacer a un lado las normas ya establecidas, tenga una mayor apertura hacía las nuevas propuestas literarias, que no se desprecie su valor artístico por el simple hecho de ser diferentes.

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Ya existen movilizaciones indígenas que forman parte de la agenda política del país y que luchan a favor de los derechos indígenas, entre ellos el derecho a desarrollar un discurso cultural propio. Algunos ejemplos son La Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas (1993) y La Casa del Escritor en Lengua Indígena (1996).

 

Desde hace poco tiempo se ha empezado a revalorizar todo el aporte cultural que nos ofrecen los pueblos indígenas como parte de la sociedad mexicana, sin embargo todavía se les sigue mirando por encima del hombro; nos queda un largo camino por recorrer, pero por lo menos el primer paso ya esta dado, ahora nos toca continuar, y como dice el Sr. Víctor Hugo Cárdenas, ex-presidente del Fondo Interamericano para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, debemos continuar con “la fusión de dos modernidades, la occidental y la indígena”.

 

Netzahualcóyotl (1431-1472), guerrero y Rey de Texcoco es un gran ejemplo de literatura indígena. A continuación se muestra uno de sus poemas titulado Yo lo pregunto:

Yo lo Pregunto

 Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:chu5

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

Nada es para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

Aunque sea de oro se rompe,

Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

 

Este poema es tan sólo una probada del gran valor artístico que pueden llegar a tener las creaciones de escritores indígenas. Así como Netzahualcóyotl, existieron y existen muchos otros personajes pertenecientes a alguna de las muchas culturas originarias que tenemos en nuestro país y que han luchado por el reconocimiento de su obra. Es una lástima que desde hace más de 500 años estén persiguiendo este fin y apenas en nuestras fechas podamos empezar a notar unas pequeñas luces, aunque sin duda hay muchas más que aún permanecen ocultas.