La cosmovisión detrás de Blade Runner…35 años después

Blade Runner, película dirigida por Ridley Scott en 1982. Blade Runner, película dirigida por Ridley Scott en 1982.

Jesús Emilio Fragoso Calderón*

La imaginación e ingenio de las personas nos hacen ir más allá de la realidad, una ambición por el futuro, el progreso, la ciencia y tecnología; en realidad, nadie conoce como será el futuro, o lo que pasará el día de mañana, es por ello que se nos hace tan excitante imaginarnos un mundo completamente alterno, una simulación de lo maravilloso que puede ser el futuro combinado con la realidad que vivimos en el presente, es por ello que las novelas y películas de ciencia ficción son de las preferidas por el público, y más cuando la cosmovisión de una persona te hace cuestionar lo que puede ser y no ser verdad en algún futuro.

Harrison Ford, interpretando a Rick Deckard en Blade Runner
Harrison Ford, interpretando a Rick Deckard en Blade Runner

Este es el caso de Blade Runner (1982), película dirigida por Ridley Scott, un film que va más allá de la acción, y que nos presenta una simulación de un mundo futurista, increíble en muchos aspectos tecnológicos y arquitectónicos, sin embargo, un futuro moderno que no se aleja de la realidad en la que vivimos, una realidad que va en decadencia disfrazada de lo que llamamos “progreso”; claro que para muchos esto podría sonar absurdo en muchos sentidos, pero sin llegar a una cuestión apocalíptica, este film narra perfectamente lo que esta pasando en la actualidad, el avance de la ciencia y tecnología mientras la humanidad va en retroceso como individuos y sociedad; como afirma el sociólogo David Lyon: “El escenario de Blade Runner es de decadencia urbana, sin duda, el progreso está en ruinas.”

Basta con mirar los grandes edificios luminosos inspirados en pirámides egipcias o edificaciones con paneles presentando publicidad por todos lados, autos voladores y tecnología que facilita la vida de las personas, para saber que la cosmovisión de Ridley Scott era asombrosa al momento de plasmar su idea de cómo sería el futuro, claro que si un una persona que ve por primera vez la película en la época en la que vivimos, se burlaría fácilmente tras la ausencia de televisión en alta definición, tablas electrónicas o la falta de internet y redes sociales con las cuales contamos en la actualidad. Sin embargo, si vemos el otro lado de la moneda, si nos adentramos más allá de la superficialidad moderna que nos dan a primera vista, podemos observar una ciudad nada atractiva, obscura y sucia en todo aspecto que inmediatamente te quita las ganas de querer vivir en el futuro, es más, aprecias el presente en el que vives y deseas nunca llegar al año 2019 que nos plantea Blade Runner, con calles abarrotadas de gente, puestos comerciales callejeros por todos lados, basura por donde mires, algo muy parecido a las calles de la CDMX (Ciudad de México) o las calles concurridas y contaminadas de China, claramente una visión bien planteada y acertada por parte de Scott en este film.

Podemos observar también una sociedad que para el espectador que vió la película en 1982, le pudo parecer algo asombroso y le gustó el aspecto que el hombre del futuro tendría, pero para una persona de la época actual es difícil digerir este aspecto punk-abstracto que el director nos presenta, con muchos elementos y accesorios muy extravagantes, aún con un estilo ochentero, que si bien pudo ser una representación muy absurda de la humanidad en el futuro, fue la forma que encontró Scott para representar el estancamiento de la humanidad en la búsqueda del progreso social, una absoluta paradoja, pues se supone que si la tecnología y la ciencia avanzan a un nivel impresionante, el ser humano también debería avanzar a la par de estas y no quedarse estancado en una civilización hueca y aún primitiva como se presenta en la película; bien dice Jean Baudrillard (1978) en su libro “Cultura y Simulacro “Nada cambia cuando la sociedad rompe el espejo de la locura, ni cuando la ciencia parece romper el espejo de su objetividad e inclinarse ante las “diferencias”.

Escena de la película Blade Runner
Escena de la película Blade Runner

Sin embargo, si hay algo que Blade Runner refleja muy bien es la ambición que el ser humano siempre ha tenido por simular a ser un dios, esa ambición tan extraña que la humanidad tiene por creerse dueño de la vida y la naturaleza para poder manipularla a su antojo, con un simple fin narcisista de querer ser superior a cualquier raza que exista en el mundo, en este film, esta ambición se vio proyectada en los famosos replicantes Nexus 6, humanos artificiales creados a partir de la ingeniería genética, con mayor agilidad y fuerza física; de los cuales Rick Deckhard tiene que eliminar a cualquier costa, estos seres, muy similares a los androides T-800 de la película Terminator, nos hacen cuestionarnos independientemente de la ética y valores sobre temas de manipulación genética, de nuestra propia realidad, ¿Qué es lo que nos hace reales? ¿Qué es real y qué no lo es? Una realidad posmoderna donde los replicantes llegan a querer ser personas reales, que empiezan a razonar sobre el comportamiento humano, sus cualidades y defectos, de la forma curiosa y paradójica, en la que se dan cuenta de lo cruel que es el ser humano en realidad, y de el daño que ha estado esparciendo por todo el mundo, basta con dedicarle un momento de reflexión a la frase que pronuncia el replicante Roy Batty agonizando antes de morir:

“He visto cosas que los humanos ni se imaginan: naves de ataque incendiándose más allá del hombro de Orión. He visto rayos centellando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas… en la lluvia. Es hora… de morir.”

Una reflexión que podríamos imaginarnos de cualquier ser humano, pero no de uno artificial, que vea una realidad diferente a los humanos, que se de cuenta que todo es efímero y que todo lo que estamos haciendo, no nos esta llevando a ningún lado, que todo ello se perderá algún día.

Blade Runner es una película que nos muestra una visión no tan alejada a la realidad en la que vivimos actualmente, el mundo futurista y posmoderno en el que vive Rick Deckhard es más parecido al nuestro que el mundo futurista que se nos muestra en la trilogía de “Volver al Futuro”. Una película que nos hace cuestionarnos de la naturaleza del ser humano, de nuestra existencia y sobre todo, lo que realmente significa ser humano.


*Jesús Emilio Fragoso Calderón