La dictadura perfecta o de como la televisión fabrica melodramas baratos y presidentes

la dictadura 3

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No podía haber mejor (o peor) momento para el estreno de La dictadura perfecta, último filme del director Luis Estrada, que el que estamos viviendo ahora con los escalofriantes hallazgos de fosas en Iguala y la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.

La realidad como espectáculo y melodrama

La película hace referencia a momentos escandalosos que se han vuelto los “botones” de muestra de lo peor de la corrupción política y social de nuestro país, y de los cuales la televisión ha obtenido enormes ganancias por el “manejo” melodramático, tendencioso y discrecional de la información. Momentos que ya son parte del imaginario colectivo de nuestra historia reciente como: el caso Paulette, el montaje televisivo en el caso de Florence Cazzes, los estados en los que el poder político coludido con el crimen organizado controla abiertamente todo a través de sus matones (El infierno), los video escándalos (el señor de las ligas), el Gober precioso, los políticos y sus fiestecitas que incluyen redes de prostitución, las frases presidenciales: “ya ni los negros….”, “la señora de la casa….”, puras joyitas.
Toda la porquería nacional retratada en personajes arquetípicos como Carmelo Vargas, un “gober” nefasto, matón y fiestero, que busca “llegar a la grande”, la presidencia, a través de un contrato millonario con la televisora nacional (“mi estado da para eso y más”) para que sus estrategas pongan en marcha una campaña de imagen política que lo llevará hasta ese punto, con todo y estrella de telenovela como primera dama. Toda coincidencia con la realidad “no es mera coincidencia” como se anuncia al principio de la cinta.

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La caja china como estrategia

En la película se muestra el poderoso recurso de la caja china: una nota escandalosa, quita la atención de otra que se filtró hasta las redes sociales y afecta al poder presidencial, en este caso, a partir de una desafortunada declaración del presidente “los mexicanos hacen trabajos que ya ni los negros quieren hacer…” se buscó una información “confidencial” que de pronto es útil para sacar a la luz pública aunque ensucie a otro personaje público. Eso desencadena la trama de toda la película, nota tras nota, se va tejiendo la gran mentira del poder, con todo y secuestro de niñas y final feliz.
La película tiene algunas secuencias fuertes (no de violencia), para mi una de ellas es la escena en la que Tony Dalton, quien interpreta al director de TV-MX, ¡le da instrucciones al presidente! (obviamente Peña Nieto) para resolver el asunto de los escándalos del gober, para que busque algo turbio del líder opositor del congreso local “El mesías”, para hundirlo y todavía se da el lujo de burlarse de las corbatas que usa, diciéndole que le va a enviar algunas. El poder tras la silla presidencial.
Al final todo es ganancia para la televisora, el círculo se cierra, es un negocio redondo.
tony dalton

El cinismo como ética televisiva

La dictadura perfecta es una clase magistral de lo que una empresa televisiva, en nuestro caso el duopolio, es capaz de hacer: construye y destruye carreras políticas, manipula la situación para sacar rating, es experta en convertir en melodrama las historias cotidianas, pisotea la privacidad y, lo peor de todo, lucra con el dolor ajeno, con campaña de donación incluida: se trata de un negocio absolutamente redondo, “el retorno de inversión” está garantizado con todo y candidato presidencial al servicio de la empresa, pues estará en deuda eterna (vía jugoso contrato) gracias a las estrategias de los genios productores y directores televisivos que trabajan en su imagen.
La película está inscrita en el género de sátira política, ya que representa situaciones del tipo “algún parecido con la realidad, no es mera coincidencia”; es un retrato caricaturizado del país, con personajes arquetípicos (los matones, los funcionarios allegados al gober, el líder de la oposición, los traidores, las “teiboleras”, los secuestradores, el operador del secuestro (militar corrupto) y sus “asistentes” pobres, adictos y salvajes; los militares, los ejecutivos, el reportero estrella y galán toda una galería de personajes nefastos en situaciones ya muy conocidas y populares, gracias a los medios.
La película no busca reflexionar en las causas, ni tiene un discurso intelectual, académico o político; no es necesario, la estrategia es la sátira, género popular, para que sea vista y digerida rápidamente por un público amplio que reconoce, se identifica, se ríe y burla de la realidad que nos muestra. En México, la caricatura política, sea en medios impresos, cine o televisión, siempre ha tenido una buena acogida por un público extenso.
En fin, esta es la cuarta película de la tetralogía iniciada con La ley de Herodes (1999), Un mundo maravilloso (2006) y El Infierno(2010) y, según comenta el propio director, la última dedicada a satirizar la realidad nacional.
No es una película cómica, aunque da risa, no es de entretenimiento, pero te entretiene, no es un tema comercial, pero su formato y género permiten que sea un éxito de taquilla. Los comentarios son diversos: para algunos se queda corta, pues los tejes y manejes de la TV son algo muy sabido, para otros la película es demasiado larga y superficial; coincido en que es esquemática, al ser una caricatura centrada en estereotipos. Al menos yo si me quedo con la sensación amargosa, una vez más, de que este país no se arregla ni volviéndolo a hacer. Después de verla me queda claro, también una vez más, porque yo ya no veo la televisión abierta mexicana, ni Televisa, ni TV Azteca. Nunca más.

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Imagen 1. http://closeupmexico.dreamhostes.com/estamos-condenados-a-repetir-la-historia-luis-estrada/000343-copia/
Imagen 2: http://www.masde131.com/2014/10/la-dictadura-perfecta/
Imagen 3: www.homocinefilus.com
Imagen 4: http://www.almomento.mx/la-dictadura-perfecta-llegara-a-mil-500-salas-de-mexico-video/