La mosca

Ilustración / Ernesto Manero Ilustración / Ernesto Manero

Ernesto Manero*

 

PRESENTE

Son casi las tres de la mañana en un bar de estilo irlandés, la música ya es muy tenue y el hombre barbudo detrás de la barra con elegancia impecable a pesar del cansancio. Limpia los tarros de cerveza esperando a la hora de cierre para quitarse de encima al único borracho que queda, un hombre de cabello corto castaño, bolsas en los ojos, caucásico y con un poco de barba de de la tarde.

  • ¿Sabes lo que me pasó el otro día? – balbuceó Jonathan dirigiéndose hacia el bar tender.

El hombre lo miró inexpresivamente y frunció el ceño mientras le retiraba el Old Fashioned vacío y se lo cambiaba por otro lleno de más Johnnie Walker. Sorprendido y al mismo tiempo fascinado, Jonathan tomó sin dudar un gran trago de su licor favorito y después exhaló.

  • Gracias…¿qué te estaba diciendo? ¡Ah si! te iba a contar…lo que me pasó. – balbuceó una vez más mientras una pequeña mosca se posó sobre el borde de la barra.
  • Entonces…el otro día entré a mi departamento…

DOS DÍAS ANTES

Johnatan entró a su departamento después de haber hecho algunos trabajos, su corbata estaba desatada y lucía agotado, así que mientras se dirigía hacía la sala, se sacó la pistola que tenía metida en el pantalón cerca de la espalda baja y la botó sobre la mesa, al igual que sus llaves, para después echarse en el sofá y tomar el control de la televisión. Justo antes de que pudiera presionar el botón de encendido, sonó el timbre de su celular, uno de esos pequeños desechables.

  • ¿Bueno? – esperó un segundo hasta que le respondió una voz fría y seria.
  • ¡Hola Karen! ¿Cómo está?
  • ¿Dónde está? – lo interrumpió abruptamente.
  • Oye yo también estoy muy bien, gracias por preguntar, un poco solo en las noches…pero eso se puede arreglar – dijo sarcásticamente.

Él sabía justamente como fastidiarla.

  • No tengo tiempo para tus tonterías – dijo irritada – , ¿dónde está?
  • Relájate, está justo donde lo dejé – dijo riendo.
  • ¿Estás seguro?
  • Claro que estoy seguro, ¿llevamos como un año trabajando y todavía no confías en mi?
  • Johnny querido, yo no confío en nadie. – dijo burlándose – , ahora levanta tu trasero y ve a revisar.
  • Solo porque lo pediste amablemente, espera…¿cómo sabes que estoy sentado?
  • Te conozco lo suficiente.
  • No lo suficiente – dijo con un tono pervertido.
  • Más que suficiente, gracias – replicó asqueada.

Johnatan se levantó con trabajo del sofá y se dirigió hacía el sótano con mucha pereza.

  • ¿Cuántos años tengo? – dijo retándola mientras bajaba las escaleras.
  • ¿Qué? – contestó confundida.
  • Si tanto sabes, ¿cuantos años tengo?
  • 38 – respondió inmediatamente. – ¿y yo?
  • ¿15?
  • ¿Es en serio?
  • Te ves muy pequeña.
  • Cumplí 20 el año pasado.
  • Como sea – dijo mientras llegaba al final del sótano, en donde se encontraba un congelador enorme.
  • Como te decía, esta justo aquí… – Jonathan se quedó pálido por un momento al abrir la puerta del congelador y el tiempo se detuvo para él por un momento en el que ni una sola palabra pudo escapar de su boca.
  • ¿Johnny, que pasó? – preguntó un tanto desesperada.
  • No, nada… – dijo mientras volvía en sí y cerraba la puerta del congelador – todo está perfecto.

Johnatan estaba en shock, por lo que se despegó el celular de la oreja y lo dejó a la altura de su cadera, pero sin colgar.

  • Me lleva…
  • ¿Cómo que te lleva? – dijo Karen irritada.
  • ¡Nada, estoy hablando solo! – exclamó mientras volvía a pegarse el teléfono al oído.
  • ¡No me mientas! – le gritó fuertemente.
  • ¡Bueno no me grites, esta bien! ¡No está!
  • ¡Ya lo sabía! – exclamó furiosa – eres un incompetente, es la segunda vez Johnatan…
  • ¡Que dejes de gritarme y mejor ayúdame carajo! – la interrumpió.
  • Eres un… – tomó un profundo respiro e intentó calmarse – ¿ya revisaste en el baño?
  • Mmm…no, allá voy.

Johnatan corrió hacia al baño y encendió la luz desesperado, mirando alrededor de todo el lugar y buscando en la regadera rasgando la cortina, pero nada apareció.

  • ¿Lo encontraste?
  • ¡No! – exclamó fastidiado.
  • ¡Pues sigue buscando!
  • ¡Eso hago! – vociferó mientras volvía a la sala con los nervios de punta.
  • Donde estás…donde estás…donde… – Jonathan se quedó petrificado mirando por la ventana de la sala que daba hacia la alberca.
  • ¿Bueno? ¿Johnny? ¿Sigues ahí? – dijo Karen extrañada.
  • Karen… – dijo Johnny con la voz cortada.
  • ¿Qué? – dijo harta y confundida.
  • Creo que encontré a Bob. – dijo mientras observaba estupefacto un cadáver que flotaba boca arriba en la piscina.
  • ¿A quien? – dijo Karen aún más confundida.
  • ¡A Bob! ¡Uff! ¡Pensé que lo había perdido! – dijo riendo nerviosamente pero aliviado.
  • Johnny…
  • ¡Lo había olvidado por completo, lo ahogue en la alberca! ¡Nunca llegué a meterlo en el congelador! ¡Bob desgraciado, me asustaste! – dijo mientras seguía riendo con locura.
  • ¡Jonathan! – estalló Karen del enojo. – ¡Se suponía que tenías que matar a Carl!
  • ¿Cómo que Carl, de que hablas? – dijo mientras tanto su alivio como sus carcajadas se desvanecían.
  • ¡El nombre del objetivo era Carl! – dijo Karen mientras ardía en coraje y golpeaba fuertemente con su puño el volante del auto en el que se encontraba.
  • No…no, no, no, no, no – dijo intentando convencerse a si mismo.
  • ¡¿Cómo pudiste equivocarte?! – le gritó.
  • ¡No lo sé!
  • Estabas ebrio.
  • Por supuesto que…
  • ¡Estabas ebrio! – le interrumpió furiosa.
  • ¡Incluso si lo estaba, he matado ebrio antes y nunca me he equivocado! – dijo mientras buscaba en la mesa el archivo en el que estaba toda la información del trabajo, hasta encontrar una fotografía de la víctima.
  • Oh…ahora tiene sentido –susurró mientras la sacaba de la carpeta y miraba lentamente hacia la piscina- ambos tenían exactamente el mismo tipo de barba y color de cabello oscuro.

VOLVEMOS AL BAR

  • ¿Entendiste? – dijo Johnny mientras comenzaba a reír como maniático, no sólo olvidé donde había dejado el cuerpo si no que, ¡maté al tipo equivocado!

El bartender dio una paso hacia atrás al percatarse de que el hombre frente a el era un asesino a sueldo y el miedo comenzó a apoderarse de el en forma de gotas de sudor que escurrían por su frente.

  • Ay Dios…te prometo que era tu gemelo perdido – dijo exhalando- Johnny mientras intentaba recuperar la postura y dejar de reír. Mientras que el bar tender retrocedía, la pequeña mosca revoloteó hasta posarse sobre la frente del pobre hombre.
  • Hey… – dijo Johnny sonriendo diabólicamente – , tienes una mosca en la frente, Carl. El bar tender desvió la mirada hacia su gafete, que en efecto decía “Carl”, volvió a mirar a Johnatan y tragó saliva.
  • Déjame quitártela – dijo Johnny mientras desenfundaba su pistola y colocaba una bala entre los ojos de Carl.

 

FIN

*Estudiante del tercer semestre en la licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Mi principal afición es el cine, entre mis directores favoritos se hallan Spielberg, Scorsese, Wes Anderson, Alfred Hitchcock y Ridley Scott. Mi género favorito es ciencia ficción, en especial si son novelas de Isaac Asimov o Arthur C. Clarke. Entre mis otros pasatiempos están dibujar y componer música, no hay nada como ilustrar tus historias o musicalizarlas. Entre mis mayores defectos esta la desorganización que a veces me impide terminar proyectos ambiciosos y lo odio, normalmente intento ignorar distracciones y dejar que aquello que me apasione me absorba…