La muerte en el tiempo. Pasado. Presente. ¿Futuro?

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Por: Sué Hernández

El miedo, la ira, el odio, la alegría, alivio, incertidumbre, paz, tristeza, esperanza, negación, romance y desesperación, son parte de la gama de sentimientos que muchas personas llegan a experimentar cuando se enteran del deceso de un ser querido o cuando piensan en su propio final.

Sin embargo, ¿de dónde surge el temor o la adoración a la muerte?

Desde tiempos ancestrales, este delicado tema ha fascinado y horrorizado a las personas por igual, además de darles esperanza de otra vida más plena en el ámbito espiritual.

5HEn los mitos sumerios, la creencia de una vida en el más allá, era personificada por Ereshkigal –equivalente a Hades para los griegos- quien además representaba la oscuridad y el lado más oscuro del espíritu.

En la religión védica – que nace antes del hinduismo- existe el dios Varuna que regía el reino de los muertos y era  también el amo del panteón védico. Este dios compartía con el primer hombre que murió (de nombre Yama en la creencia védica) el título de rey de los muertos. Este dios poseía un alto grado moral y cumplía como papel de justiciero; a pesar de su importancia era considerado como un dios menor.

En las antiguas culturas alrededor del mundo hay una figura que se repite mucho alrededor de la muerte y es la de los Psicopompos, cuya misión era la de acompañar al espíritu en su camino hacia el más allá. El término de Psicopompo viene de la palabra griega psycopompós, que se compone de psique “alma” y pompós “el que conduce o guía”.

En la antigua Grecia se realizaba un ritual alrededor del muerto para asegurar su bienvenida en el otro mundo donde reinaba Hades –dios del inframundo- acompañado de su esposa Perséfone.

Este ritual consistía en colocar al difunto una moneda en la boca con la cual su alma pagaría a Caronte –el barquero- que se encargaba de llevarlo a través de la laguna Estigia hasta el reino de Hades, donde sería juzgado por tres dioses que decidirían a donde iría a continuación: los buenos irían a los campos de Elíseos mientras que los pecadores y criminales eran lanzados al Erebo o Tártaro donde serían sometidos a duros castigos.

Algunas fechas importantes, como por ejemplo para los romanos, que tratan sobre la visita de los espíritus al mundo terrenal se dan en las noches del 9, 11 y 13 de mayo –más conocidas como las noches de Lemuralia-, sin embargo, para ellos estas fechas eran de temer puesto que los lémures –como denominaban a los fantasmas- salían de sus tumbas y vagaban por las casas hostigando con rencor a sus familiares vivos.

En la mitología celta, la figura de Caronte es cambiada por la diosa Mórrigan cuya apariencia, cuenta el mito, se presenta como la de una mujer hermosa de cabellos grises revueltos y los pies manchados de sangre u otras veces como la de un cuervo.

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Además del mito de Mórrigan, los antiguos pueblos celtas celebraban a finales de octubre el final de la cosecha en una fiesta cuyo nombre era Samhain que se celebraba en la noche y significaba “el final del verano” en gaélico.

Los celtas creían que durante esta celebración los espíritus de los muertos regresaban a visitar el mundo de los vivos, por lo cual prendían grandes hogueras para ahuyentar a los malos y así evitar desastres.

Uno de los rituales que se celebraban junto con la fiesta era la recolección por las casas de alimentos para la ofrenda que se realizaba a los dioses; se dice  además que durante la celebración de éstos rituales, se realizaban sacrificios humanos –aunque no esté confirmado históricamente.

Además de preparar un gran nabo hueco en el que colocaban dentro carbones encendidos para representar al espíritu que creían les otorgaba poder e iluminar el camino de regreso a la tierra a sus familiares difuntos más queridos ofreciéndoles de esta forma una bienvenida.

Esta fiesta nocturna era también para ellos una forma de dar la bienvenida al año nuevo.

6HEn la mitología nórdica, las Valquirias –diosas menores equivalentes a las amazonas de Grecia-  iban por los campos de batalla a lomos de sus caballos recogiendo a los guerreros caídos que hubieran sobresalido en vida por su increíble capacidad de lucha y por su resistencia. Una vez elegidos, eran llevados al Valhalla. Allí se dedicaban a combatir durante el día y una vez que caía la noche eran rodeados de manjares propios de un dios.

En la Edad Media, existía una mayor concienciación de la muerte, debido a las constantes epidemias y guerras que acontecían a los pueblos. Además, en este tiempo la religión cristiana – que tenía un mayor número de creyentes- hablaba de la existencia de otra vida donde según las acciones causadas por el difunto en vida, sería llevado al infierno o al cielo.

Algo a resaltar es que durante este tiempo la muerte nunca estuvo acompañada de personajes macabros –fantasmas, demonios, etc.- ni tuvo ninguna representación física –Hades, Varuna, Caronte, etc. Fue hasta finales de la Edad Media, cuando vuelven a  aparecer aspectos tétricos de ésta, llegando incluso a desarrollarse en las ciudades la idea de la muerte como un espectáculo.

Haciendo un salto en el tiempo, en la actualidad existen muchas fiestas alrededor del mundo que giran alrededor de la idea de conmemorar a los difuntos, dejando atrás en algunos sitios la muerte como algo triste mientras que en otros esta idea permanece.

En Oriente, tenemos como ejemplo a Japón, cuya celebración de nombre Obon (??) –día religioso budista-, varía de fecha ya que sigue el calendario de dos regiones diferentes: de acuerdo con el calendario lunar, se festeja del 13 al 16 de julio; y según el calendario solar, es del 11 al 16 de agosto.

Esta celebración japonesa que se divide en tres días, basada en la creencia de que las almas de los difuntos regresan a visitar a sus seres queridos, en realidad inicia su celebración una semana antes con el Tanabata, nombre a la celebración donde se visitan las tumbas y se les limpia, adornan y colocan incienso.

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El primer día del inicio del Obon, nombrada Unke es el recibimiento que se da con tambores y bailes.

El segundo día, nombrado Nakabi, se visitan a otras familias que también tengan un butsudan –altar de muertos- y se les lleva comida como parte de la ofrenda.

En el último día, Ukui se le considera el más importante de los tres al ser éste la despedida, y se celebra con mucha música, bailes y comida para desearles un “hasta luego” a los difuntos.

Durante la comida que comparten con el difunto en el butsudan, está prohibido hablar de otras personas, de dinero o suspirar; se trata de un momento para agradecer a nuestros antepasados por la protección que nos brindan y se queden con nosotros.

Qing Ming Jie @ Babaoshan Revolutionary CemetaryEn China, se celebra a principios de abril el Qing Ming Jie (???) -104 días después del solsticio de invierno-. Esta celebración que cuenta con más de 2500 años de antigüedad, trata igualmente sobre la oportunidad de honrar a los fallecidos.

Así como en China –y otros países- durante esta celebración se realiza una limpieza de tumbas, se ofrece comida y se quema incienso; lo que la vuelve curiosa es que los Chinos además de esto, queman lo que ellos llaman “dinero fantasma”, ya que según sus creencias permitirá que los muertos lo usen en el más allá.

En algunas ocasiones, debido al gran respeto que le tienen a los espíritus, se colocan pequeños ofrecimientos en las calles para las almas de los huérfanos.

A diferencia de los latinoamericanos, los chinos ven esta conmemoración con profunda tristeza y es esencial para ellos el respeto en cada una de las actividades dedicadas a los difuntos, como por ejemplo, las plegarias que se les dedican.

En Sur Corea, se le denomina Jesa (???) y se celebra el día en que la persona falleció, pues tienen la creencia que es en ésta fecha cuando ellos regresan a visitar a su familiar y a comer las ofrendas que se les hacen.

Esta festividad se lleva a cabo dentro de la casa del difunto donde los alimentos preparados se colocan en el shinji, una tabla que simboliza la presencia del fallecido y que se coloca en el centro de la casa.

Por último, en Tailandia se celebra lo que es la alegre fiesta Phi Ta Khon, que consiste en una procesión con música, canciones y desfiles de máscara. Durante esta celebración, los9H jóvenes varones salen disfrazados de espíritus/fantasmas para hacerles bromas a los aldeanos, mientras que los monjes budistas recitan la historia de la última reencarnación de Buda.

Este alegre festival se celebra el primer día de las fiestas budistas –que pueden darse en mayo, junio o julio- y es conocido como Boon Para Wate cuya duración es de tres días; en el  primero los celebrantes se disfrazan de monstruos, en el segundo danzan y en el tercero apagan las antorchas para marcar el final de la procesión.

La muerte es algo que siempre ha acompañado –y seguirá haciéndolo- al ser humano, y dependiendo del tiempo en el que estemos presentes le damos menor o mayor importancia.

Un ejemplo de cómo se ha ido perdiendo el valor de las tradiciones podría ser el que ocurre en México, país donde la festividad conocida como Día de Muertos cuya celebración se separa en dos días, el primero -1ro de noviembre- se celebra a los niños mientras que en el segundo -2 de noviembre- se celebra a los adultos.

Esta festividad cuyos antecedentes están relacionados con el  pasado precolombino y  el mestizaje, se ha ido perdiendo a favor de la popular festividad de Halloween realizado por los E.E.U.U. donde la finalidad es salir disfrazados a las calles y pedir dulces de casa en casa, amenazando con que si no se consiguen los ansiados dulces, entonces se les realizará una travesura.

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Es triste pensar que, en algunos países, las tradiciones alrededor del concepto de la muerte y el más allá se van perdiendo poco a poco para dejar paso a las de pueblos extranjeros,  ya que estas creencias son lo que conforman la cultura de los pueblos con los cuales sus habitantes crecen, forman valores y cristalizan su visión del mundo.