Lars Von Trier: Dancer In The Dark

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Por: Sofía Priscila Pérez Valle

Para Lars Von Trier, la vida parece ser un drama infinito que lejos de proveer el más minúsculo granito de esperanza, mata cualquier Ilusión. Lars disfruta la tragedia, la decora y la adereza, le agrega un toque teatral, piensa en la iluminación, la música, no olvida ningún detalle. Quizá para él, el sufrimiento es un estado siempre presente en la vida del hombre es por ello que lo captura de manera tan característica, llevando al espectador paulatinamente por un valle de lágrimas y ansiedades que parecen atenuarse a ratos pero regresan con mayor fuerza hasta concluir en cataclismos terribles. Las complicaciones y pesares de la vida, excluyentes del verdadero disfrute, son temas que realmente interesan al director danés, quien se inclina por los eventos trágicos y los retrata con una naturalidad y objetividad admirables al punto que actor y espectador se diluyen, se vuelven uno mismo. De pronto todos entramos en los zapatos de algún personaje, enganchándonos tanto a la historia que ni el tiempo esfuma las imágenes que Von Trier ha logrado capturar. Gracias al impacto generado en el subconsciente, difícilmente olvidamos las impactantes escenas. Algunos claros ejemplos de ello podrían surgir con Dogville – del 2003- o (yéndonos más atrás) Dancer In The Dark, del año 2000, que recibió la Palma de Oro en Cannes por Mejor Película y Mejor Actriz para la cantante Bjork,quien interpretó a Selma, una inmigrante checa trabajadora de una fábrica que va perdiendo la vista al punto de quedarse ciega.

Sin importar que la ceguera sea un factor tormentoso por sí mismo, Selma es además condenada a muerte por el homicidio de su vecino, un oportunista que ve en la vulnerabilidad de Selma, la salida a sus problemas económicos así como al mantenimiento del estatus que su esposa tanto exige.

Selma trabaja día y noche y ahorra todo cuanto gana para la operación de la vista de su hijo, quien tiene el mismo padecimiento que ella. Las cosas marchan bien pese a las dificultades, sin embargo la situación se complica de manera exponencial cuando Selma se da cuenta que su dinero ha sido robado y asume asertivamente que el ladrón es su vecino. Sin aspavientos ni ningún tipo de enojo o coraje, Selma se dirige a casa de éste y amablemente suplica por el dinero de vuelta pero dicha petición es inaceptable. El vecino usurpador está ahogado en deudas y afirma que no regresará la suma total a menos que ella lo mate, acción a la que Selma se ve sometida entre forcejeos, dolor y arrepentimiento anticipado. Sobra decir que ésta acción la lleva a la cárcel y posteriormente a perder su vida.

Se respiran una congoja y soledad poco llevaderas a las que Selma considera musas de inspiración para cantar y bailar. Disfruta tanto de estas acciones que fantasea sobre su situación y la convierte en una puesta en escena que a ratos la distrae de la oscuridad en la que vive.

Selma escucha y recrea todo cuanto quiere, es esta capacidad imaginativa la que junto con su inocencia e ingenuidad, le permiten continuar soportando el sufrimiento atroz, sufrimiento al que el director abre gustoso la puerta en cada una de sus películas.