Las letras están de luto

poetas

 

La parca se ha ensañado con los poetas  pues enero se llevó a autores como, Juan Gelman, José Emilio Pacheco y dos poetas más jóvenes: Marco Fonz y Sergio Loo. Desde aquí queremos hacer un modesto homenaje compartiendo algo de su obra, porque lo mejor que podemos hacer es leerlos y compartirlos.

 

JUAN GELMAN

1930-2014

 

LA PRETENSIÓN

El disparate de la tristeza y
sus animales que
hurgan por todos lados
son más verdaderos que yo.
Estas palabras
son más verdaderas que yo.
Son materia y no tiempo,
en sus entrañas hay
una piedra que nunca se acaba.
Los hijos de los hombres creen
que mojarlas con vino
les quitará conciencia, fuego.
Hay palabras que esperan y nadie las toma.

Solas ahí en silencio florido.

mundar-2007

 

JOSÉ EMILIO PACHECO

1939-2014

 

ECUACIÓN DE PRIMER GRADO CON UNA INCÓGNITA

En el último río
de la ciudad, por error
o incongruencia fantasmagórica, vi
de repente un pez casi muerto. Boqueaba
envenenado por el agua inmunda, letal
como el aire nuestro. Qué frenesí
el de sus labios redondos,
el cero móvil de su boca.
Tal vez la nada
o la palabra inexpresable,
la última voz
de la naturaleza en el valle.
Para él no había salvación
sino escoger entre dos formas de asfixia.
Y no me deja en paz la doble agonía,
el suplicio del agua y su habitante.
Su mirada doliente en mí,
su voluntad de ser escuchado,
su irrevocable sentencia.
Nunca sabré lo que intentaba decirme
el pez sin voz que sólo hablaba el idioma
omnipotente de nuestra madre la muerte.

poemas-de.php?autor=751

MARCO FONZ

1965-2014

 

EL PENSAMIENTO FEROZ DE ALGO PEQUEÑO

Cuando éramos bellos e inmortales y las moscas y gusanos

estaban lejos de nuestra nítida visión de niños sobre la tierra.

Cuando ella era un vestido en donde colgar los sueños.

Cuando era ese grano sorprendido en la tortuga que

/viaja por galaxias.

Cuando nuestras manos eran ciegas y descarnadas

buscando miel y llanto

nuestros pies eran sombras lunares

mandadas a lavar con diosas y termitas

nuestros cuerpos eran el hueso

donde se regocijaban el perro o la rata.

Éramos todo eso y la tierra era joven y lejana.

Cuando teníamos la inocencia estúpida bajo las axilas

y un monstruo de dos cabezas dormía en la misma almohada.

Éramos tú y yo terribles insectos devoradores de ideas, de silencios.

Cuando como brillo de un pensamiento o relámpagos de sabia luz

existíamos incómodos buscando preguntas dentro del sombrero,

dentro del conejo, dentro del mago.

Cuando éramos bellos e inmortales fuimos engañados,

entonces yo, era un imbécil confiado, y tú, gentil y en silencio,

nos dimos de amantes contra el suelo.

marco-fonz-el-poeta-ha-muerto

SERGIO LOO

1982-2014

El más joven de todos…

TODAVÍA NO ME APRENDO LOS DIÁLOGOS DE ESTA COMEDIA ROMÁNTICA

y ahí vamos de nuevo al juego gira­to­rio de los cabal­li­tos del
car­rusel lleno de focos y frases que ya sabe­mos de memo­ria que
el cru­ci­grama se resuelve con tan sólo escribir las letras que jun­tas dicen yo
no tuve la culpa ni tú tuviste la culpa pero ya
se jodió todo con letra de molde o man­u­scrita el punto es
que quede bien clar­ito y leg­i­ble para que nunca jamás lo podamos pero
ahí vamos de nuevo al cabal­lito gira­to­rio del car­rusel que
no avanza nues­tra des­dicha o nue­stro tedio le par­al­izó el hocico
de plás­tico inox­id­able implaca­ble tu risa que de tan rísp­ida
relinchido de nervios porque no vamos no a poder regre­sar al caramelo
de los besos y las lla­madas inter­minables y los arru­ma­cos que
ensoñadores cabal­li­tos de car­rusel ter­mi­naron deviniendo en
El Guer­nica o El Grito o Las señori­tas de Avi­gnon o todos los planes
que ya no pero dán­donos vueltas nuevas vueltas nuevas opor­tu­nidades y eso
que dijiste no lo voy a tomar en cuenta o bus­camos la forma el
cómo retrac­tarnos pero ya no enca­jan mis
pier­nas con tus pier­nas y los reproches se nos en cabeza y
bus­camos la forma de cómo regre­sar la forma de regre­sar el cómo y ahí
vamos de nuevo al juego gira­to­rio de marearnos la cabeza y ahí
vamos de nuevo al juego gira­to­rio de remen­darnos la cabeza y ahí
vamos de nuevo a reírnos de nue­stros malos fal­li­dos inten­tos de empezar
los errores de nuevo.

tres-poemas-por-sergio-loo

 

XIX Ya no cuentan los hombres que se vuelan la cabeza y de extrañarme me extraña todo el ahorcado que se cuelga de la noche la loca que muere congelada el abrigo flotando en el río sin Virginia de extrañarme me extraña todo menos el odio que siento y la pena que siento por los que nos dejan morir sin hacer nada sin detener el veneno ni la soga ni la navaja ni la palabra el balazo a un corazón niño la amable y despiadada locura el cuerpo enamorado de Nerval o las huellas digitales de un poeta sobre su propia calavera y de extrañarme me extraña todo menos el odio que siento y el vacío por la puerta por la náusea por la muerte lenta diferente a la muerte de los que nos matan y de extrañarme me extraña todo menos el buscar delante las otras fantasmales caras 

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XIX Ya no cuentan los hombres que se vuelan la cabeza y de extrañarme me extraña todo el ahorcado que se cuelga de la noche la loca que muere congelada el abrigo flotando en el río sin Virginia de extrañarme me extraña todo menos el odio que siento y la pena que siento por los que nos dejan morir sin hacer nada sin detener el veneno ni la soga ni la navaja ni la palabra el balazo a un corazón niño la amable y despiadada locura el cuerpo enamorado de Nerval o las huellas digitales de un poeta sobre su propia calavera y de extrañarme me extraña todo menos el odio que siento y el vacío por la puerta por la náusea por la muerte lenta diferente a la muerte de los que nos matan y de extrañarme me extraña todo menos el buscar delante las otras fantasmales caras. 

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XIX Ya no cuentan los hombres que se vuelan la cabeza y de extrañarme me extraña todo el ahorcado que se cuelga de la noche la loca que muere congelada el abrigo flotando en el río sin Virginia de extrañarme me extraña todo menos el odio que siento y la pena que siento por los que nos dejan morir sin hacer nada sin detener el veneno ni la soga ni la navaja ni la palabra el balazo a un corazón niño la amable y despiadada locura el cuerpo enamorado de Nerval o las huellas digitales de un poeta sobre su propia calavera y de extrañarme me extraña todo menos el odio que siento y el vacío por la puerta por la náusea por la muerte lenta diferente a la muerte de los que nos matan y de extrañarme me extraña todo menos el buscar delante las otras fantasmales caras. 

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