Los años falsos

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Por: Sofía Priscila Pérez Valle

Sin lugar a dudas sería complejo imaginar un mundo sin influencias, sin imitaciones. Muchas veces cargamos con éstas como parte de un proceso hereditario y sin importar el empeño que pongamos en deshacernos de mañas y ademanes, no logramos conseguirlo. De ahí que comienzan los tan sonados y en ocasiones molestos “pero si es idéntica a su madre”, o “ te pareces tanto a la abuela”, etcétera.

Josefina Vicens describe en su libro “Los Años Falsos” el parecido casi calcable entre Luis Alfonso y su padre, pero más que centrarse en las similitudes, la autora opta por narrar el sufrimiento de Alfonso al cargar con la fuerte presencia de su padre fallecido, a quien lleva tan dentro que más que un ser querido ha pasado a convertirse en parte de él, dando como resultado un ser dual; un hombre de unos 45 años atrapado en un joven cuerpo de 17. Padre e hijo se han vuelto uno.

Para Luis Alfonso, la muerte de su padre significa una gran responsabilidad y un compromiso tremendo, pasa de ser el niño de mamá al hombre de la casa, ocupa el cargo de su padre en la empresa y de pronto se ve obligado a comportarse, hablar e incluso verse como el, su esencia se diluye por completo. No puede detener el tiempo pero tampoco acelerarlo, quiere despojarse del gigante de su padre (más vivo cada vez en su interior) pero éste solo incrementa en tamaño y fuerza, haciendo de Luis Alfonso un ser inseguro e ingenuo que pide a gritos el cariño de su madre y el regreso a su antigua vida.

– “Verte a tí es como ver a tu padre resucitado” – le dicen a menudo los vecinos y amigos. Y cómo no va ser, si Luis Alfonso viste ya con la ropa de su padre, carga su pistola e incluso juguetea con la cadena de las llaves tal cual lo hacía su progenitor. Este asombroso o preocupante parecido (según sea el caso), confunde al joven sobremanera. ¿Será que el fantasma de su padre viva dentro de él?, ¿Será posible? Y de serlo, ¿Dónde habrá quedado el Luis Alfonso auténtico, el espontáneo, el alegre?

Josefina Vicens, nos mantiene cautivos en las oscuras, pero no por ello menos reflexivas, páginas de “Los Años Falsos”.