Una parodia. Un escenario donde la vida al fin llega a su fin con un poco de llanto y carcajadas.

catrinaposada

No sé que tienen las flores llorona, las flores del campo santo,                                que cuando las mueve el viento llorona, parece que están llorando.

Por David Alor                                                                                                                                         (Alumno de 1° semestre de comunicación)

Seres que van danzando huapangos y mariachis; mientras ostentan sus sombreros o penachos y al girar hacen que el  viento levante su colorido sarape, caminan derechito al inframundo. El eterno oriente.

Se ríen y presumen alegremente a los vivos, la ventaja de no sufrir más los dolores del cuerpo en su esqueleto huesudo, y sin piel.

He aquí, que gracias a nuestra idiosincrasia; nuestros antepasados  y seres queridos que ya han partido “casi” para siempre, regresan cada 1 y 2 de Noviembre a comer, jugar en el caso de los niños,  fumar unos cigarrillos o puros, y echarse un trago de algún buen licor.  Se mantienen unas horas conviviendo en los restos de nuestra memoria; y se van, habiendo consumido la esencia de los alimentos del Altar de Día de Muertos.

Ahí, en el sitio preparado para recibir a las ánimas del eterno sueño, resalta una mujer con un sombrero amplio, aroma embriagante y de tez amarillenta. Su nombre es Flor de Cempasúchil y su presencia vuelve al altar como todos los años, para adornar y cautivar tanto a los muertos como a los vivos.

Es así como la muerte despierta nostalgia y el mexicano se esfuerza por verla graciosamente.

Hoy  amanecemos y al mirar en los Medios Masivos de Comunicación,  la parquita se asoma saludándonos con una gran cantidad de muertos: más 71 mil ejecuciones en lo que va del sexenio del presidente de la república, Felipe C. Hinojosa.

Un día más en la vida de México, la cual se extingue indiscriminadamente. Un día más en la costumbre del mexicano; el cual no se inmuta más por los cientos de muertes diarias, como si fueran parte de todos los rayos que por naturaleza el sol despide cada mañana.

Un día más en donde las muertes son tan grotescas, exageradas e interminables, que no hay más risa ante ellas.

Un día más. Solo que este día; la parca ya no se va riendo, sino lamentando porque su huesuda espalda no puede más con la carga de tanto cadáver.

Un día más de muerte en México.