Octavio Paz: Los hijos de la Malinche

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Por: Sofía Priscila Pérez Valle

Después de una amena lectura al Premio Nobel de literatura, Octavio Paz y específicamente al capítulo titulado “Los hijos de la Malinche” de su libro “El laberinto de la soledad” me atrevo a decir que pese a lo controversial del tema tratado, Paz lo maneja de forma ética e incluso estética, proporcionando al lector los orígenes del vocablo “chingar”, sus denotaciones y connotaciones, el uso que los diversos grupos sociales le han dado, lo que representa en primera instancia, sus raíces. Igualmente expone el trasfondo de dicha palabra, lo que ésta provoca, lo que genera, lo que insinúa, dando así a conocer una cantidad notable de variantes en el significado de la misma y cómo es que el contexto cambia dependiendo de factores tan simples como el lugar de origen de quien la emplea, la edad, cultura, estado de ánimo ( en ocasiones se utiliza chingón en forma de cumplido, mientras que otras veces se refiere a una persona molesta e inoportuna). El tono en que la palabra o alguno de sus múltiples derivados sean utilizados será el principal detonante o indicio para entender lo que el emisor quiso decir realmente.

En mi opinión, es interesante ver los diversos rumbos que una sencilla palabra toma, me sorprende el poder que un vocablo llega a tener dependiendo del uso que le demos. De igual manera me preocupa la facilidad con la que pronunciamos ciertas palabras sin saber con exactitud que significan o de donde provienen, las agregamos a nuestro vocabulario diario naturalmente, dejándonos llevar por las modas del momento, con el puro afán de ser igual a los demás, cuando es precisamente esa diferencia de expresión la que nos otorga un distintivo especial de originalidad y autenticidad.

Es la falta de cultura, la causante de un lenguaje pobre, de un español actual miserable, predominante sobretodo en la juventud, misma que en gran parte de sus conversaciones emplea términos como “wey” o “hijo de la chingada”, “chingón”, “chingonería”, por mencionar sólo algunos y esto sin mostrar el menor respeto por quiénes lo rodean sean adultos, maestros, ancianos o niños.

Hace algunas décadas las palabras altisonantes eran utilizadas por personas adultas, generalmente de bajo nivel socioeconómico, sin embargo esto ha ido permeando a los diferentes niveles hasta llegar al día de hoy en el que la gran mayoría, las maneja dentro de su lenguaje cotidiano.

Retomando a Octavio Paz, creo que el contenido de esta parte de su obra literaria (Los hijos de la Malinche) se torna educativa al analizar los múltiples derivados de un vocablo así como en dónde se origina, para qué se utiliza y a que se refería en un principio.

La lectura, lejos de ser tediosa y monótona, es fácil de digerir e incluso entretenida (sin hacer de lado la objetividad). Paz es capaz de exponer una opinión con la exquisitez necesaria para captar la atención del lector y persuadirlo a tal grado que comience a cuestionarse el porqué de su inclinación hacia determinadas palabras.