Pétalos negros

02_1024

Por Sofía Ku/Quinto semestre

Todo está listo, nada podrá salir mal esta noche. Lo he esperado durante un año. Hoy seré libre y huiré lejos de todo, no más problemas. Ya son las diez y media de la noche, mi amor me espera. Yo se lo prometí hace un año.

Me pongo mí mejor vestido, su favorito: Mi vestido de seda color negro y con escote. Me veré hermosa para él.

Le prometí ser fiel, nuestro momento se acerca, ya puedo escuchar las campanas de la iglesia, puedo ver a mi amor esperándome en el altar. Mi cariño por él es puro.

Mis padres están dormidos. Les quisiera dar un beso de despedida, pero ya los besé antes de dormir. Así es la vida, es un sueño eterno.

Doy el primer paso fuera de mi casa, todo se escucha tan silencioso, como la última vez que nos vimos. Estoy nerviosa, pero no tengo palabras que decirle, sólo “lo siento”.

Ya estoy a cinco cuadras de mi casa.

Hoy sucederá algo especial, pero todo sigue muy normal, nadie sabe que finalmente él y yo estaremos juntos para siempre.

Ya ha pasado una hora, me siento arrepentida, una parte de mi quiere volver y disculparse con mis padres, pero yo sé que no hay opción. Yo se lo prometí. Es mi culpa todo esto.

Mientras me acerco más y más al lugar de encuentro, mi corazón se acelera y los recuerdos de mi vida pasada reaparecen; recuerdo mi primer beso, recuerdo mi primera vez, nuestros secretos y nuestra primera pelea, cuando nos separamos, cuando él se fue y la promesa que hice. Lloraba cada noche, esperando que él regresara por mí,  pero nunca volvió.

Lo conocí en la preparatoria, y desde entonces habíamos sido amigos, él me contaba sus historias y poemas que escribía, yo le mostraba mis dibujos. Éramos dos aves en la deriva, nada nos separaba, o eso creía al menos yo.

Nos hicimos novios un dieciséis de octubre, él me prometió ser amable y amoroso, yo le prometí ser dulce, pero la rutina y los problemas nos arruinaron. He aprendido que hay tormentas que no podemos aguantar y hay sueños que no se pueden cumplir.

Ambos mentimos, él me engañó con otra y yo le hice lo mismo al enterarme. A veces trato de pensar que de verdad lo intentamos, a veces quiero creer que en otra vida todo lo haremos bien. Sueño con que las heridas sanen y el amor sea eterno, la vida me ha enseñado por la mala que una pareja nunca es suficiente, nunca somos suficiente.

Estoy muy cansada de no poder conquistar el amor, espero que no sea nada personal, desearía que él se fuera con saber lo mucho que lo amo, aún con todo lo que le dije.

Lamento haberle engañado con otro, él nunca lo superó,  pero me perdonó. Ahora no sé con qué cara verlo.

Ya estoy aquí, en el cementerio. Falta poco para que sea la una de la mañana, faltan quince minutos. Ya casi estoy lista.

Pongo un ramo de rosas negras en su tumba, luego le doy un beso a su lápida y me recargo en ella, no puedo dejar de abrazarla y de llorar, le pido perdón. He dejado una carta perfumada en las flores que sostengo yo.

Solo falta algo, debo de armarme de valor, y morir de la misma forma que él y a la misma hora. Tomo mi cuchillo, lo miro por quince segundos y finalmente lo entierro en mi yugular y extiendo la herida en todo mi cuello.

Mi amor, hoy es un hermoso día para morir, ya pronto nos volveremos a encontrar.