Rock de buena suerte

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Por Paulina Lara Franco

Estando en una capital musical, cerca de donde muchas de las bandas que más me gustan se formaron, disfruté de una banda americana y súper enérgica. Mi primer concierto en Londres y el agasajo de conocer el Royal Albert Hall, un teatro increíble en el que operas, sinfonías y otras piezas escénicas tienen lugar.

Comprando el ticket más barato,  estábamos destinados a observar desde las alturas, parados, sin lugar específico –así como podíamos tener un maravilloso centro, podíamos tener un “vista limitada” en la esquina-. No obstante, la noche nos recibió bien, caminamos de South Kensington Station, que está en una zona padrísima, muy elegantita con tiendas y gente muy “posh” –o fresona/bien-.  Después de tomar un vinito en un pub inglés a gusto, continuamos el camino y pasamos frente al Museo de Historia, un edificio precioso y enorme (habrá que visitarlo y hacer una crónica pronto).

Llegamos al Royal Albert Hall, un edificio muy impactante, del siglo antepasado. Dicen por ahí que la Reina Victoria se lo regaló a su esposo Alberto; pero el sitio oficial, sólo dice que ella lo mandó construir para cumplir los sueños del príncipe, creando un ‘edificio central’ para las artes y la cultura. Desde marzo de 1871, ha sido sede de conciertos, exhibiciones y ceremonias. Wagner y Verdi dirigieron orquestas en esta plataforma musical y se presentaron artistas como Frank Sinatra y The Who.

Ahora lo estaba pisando en la vida real. Después de recolectar nuestros tickets, pasamos a la puerta lateral y en la entrada, nos ofrecieron ‘free upgrading’. Nuestro ticket, el mega lejano, ¡se convirtió en boleto de 5ta fila! –aclaro: no de quinta, sino todo lo contrario-. Estábamos sentados súper cerca, lo que nos separaba del escenario, era la zona del mosh-pit, pero como sabes, a mí no me encanta estar en una zona donde no ves a la banda y tienes que cuidarte de que alguien te caiga encima…ja,ja,ja.

El súper bajo poderoso, con su excelente guitarra y buena percusión prendió a la bandota internacional que aplaudía y brincaba. ¡Disfruté en vivo de PRIMUS! Sombreros de colores y distintos tamaños fueron parte de lo que Les Claypool presenta en su personaje: el frontman, vocal y bajista de la agrupación.  Larry LaLonde, en la guitarra se avienta unos solos muy sabrosones y el Jay Lane, baterista le pone punch al escenario.

Imágenes y luz cambiantes en el escenario. Un par de astronautas enormes enmarcaban el cuadro de la escena. Tenían una proyección de una cara algo deforme y cambiaban de color conforme el concierto evolucionaba. La iluminación fue sencilla, pero siempre adecuada, cambios en la proyección y colores que daban sensaciones rítmicas y siempre apoyaban las rolas. Como en muchas de estas manifestaciones musicales, el uso de videos dan un plus a las “historias” de las canciones. Muchas veces, las imágenes sólo son psicodelia colorida, misma que disfruto un chorro y me recuerda el espirógrafo y las plumas de colores de mi infancia. Otras veces, son videos de jóvenes bailando, drogándose o incluso el video setentero de una familia abriendo regalos en navidad…las relaciones, cada quien las hace, la audiencia activa decide si conecta el visual con la rola o se deja llevar por las notas sugeridas y la fusión rock, pop y progresiva que llena los sentidos.

En el intermedio proyectaron películas de Popeye el marino. Mientras algunos salieron a fumar o al baño, otros podían disfrutar de los cortometrajes que seguro fueron seleccionados por los miembros de la agrupación musical. En blanco y negro, con historias donde el héroe es un buen marinero que fuma y come espinacas, el público reía y probablemente había gente que compartía la generación y tuvo buenos recuerdos de la infancia. Así como habíamos gente en nuestros 20’s, pude notar algunos chicos más jóvenes y claro que había gente en sus 50’s o más. Primus es una banda que se fundó en 1984, así que los fans son multigeneracionales.

La segunda parte estuvo igual de buena y enérgica. Este concierto era el cierre de la gira, así que muchos fans estaban emocionados de compartir un muy buen ‘toquín’ –o “gig” como dicen aquí-. Un fan subió a robar el sombrero de Claypool, seguridad lo bajó inmediatamente, pero el tipín alcanzó a robar “el prop preciado”. El público abucheaba a este chico y algunos gritaban “give him the hat”, yo moría de risa y el sombrero jamás volvió a manos del dueño. El bajista salió del escenario, continuó tocando mientras los otros miembros de la banda tocaban e improvisaban; después de unos segundos el frontman volvió con otro sombrero y el público aplaudía emocionadísimo del gran regreso. Durante la tocada, hubo varios cambios en los ornamentos para la cabeza de este artista.

Aunque estuvimos sentados la mayor parte del concierto, desde nuestras butacas bailábamos y nos movíamos al ritmo cambiante de esta agrupación influenciada por grandes bandas del rock clásico y progresivo. Después de despedirse volvieron para tocar un poco más y para el final bailamos y brincamos, ya sin importar si le tapábamos a alguien sentado atrás, pues la mayoría de la gente se paró para aplaudir y pedir más; así que logramos que tocaran más y disfrutamos de más energía rockera.

Si bien no conozco de nombre las rolas, siempre que escucho Primus, disfruto de su estilo y la potencia con que el bajo es muy presente. Además, la voz es muy peculiar y divertida. American Life estaba en mi playlist de favoritos en la prepa y obviamente My name is Mud es de las más conocidas, que la gente disfrutó y coreó. Ahora están promoviendo el álbum Green Naugahyde y puedo decir que me encantó disfrutar mi primer concierto en la gran ciudad con esta banda, en un lugar padrísimo y con la suerte de recibir un asiento de primera. Recomendable 100% para una experiencia rockera y psicodélica.