San Juan Chamula

Niños que pese a todo son felices... Niños que pese a todo son felices...

Tei Miyamoto*

¿Alguna vez te has detenido a examinar la mirada de un niño? Esos pequeños ojitos llenos de esperanza e inocencia, que cuando sonríen pueden iluminarte el alma y cuando lloran moverías cielo, mar y tierra con tal de volverlos a ver bien. Bueno, esos pequeños ojitos también te pueden partir el corazón en mil pedazos… eso me pasó cuando visité San Juan Chamula, Chiapas.

Vendedora ambulante con vestimenta tipica
Vendedora ambulante empezando su día.

Habíamos pasado gran parte de la mañana en San Cristóbal de las Casas, pero ahora nos tocaba partir para Chamula. Durante el trayecto me percaté de que las casas de cemento cada vez de iban haciendo más escasas, pero en parte me agradaba, las zonas “verdes” y llenas de animalitos de granja iban incrementando y eso le da una vista muy agradable al paseo. Estaba algo abrumada, en San Cristóbal hay muchas vendedoras ambulantes y te seguían a todos lados; siempre he tenido un corazón de pollo y soy débil ante personas así, pero de alguna forma logré mantenerme firme. El camión se estacionó y proseguimos a bajar, pero antes me asomé a la ventana, ¡cuantos niños!

Bajé e inmediatamente me abordó una pequeña llamada Ericka, estiró su manita con un montón de pulseras yo, al principio me negué, pero luego ella me dijo “esta no la estoy vendiendo, es un regalo para ti de bienvenida”. No sabía como reaccionar, así que le solté un indeciso “gracias” y le sonreí, ella después de eso se fue con otra compañera y le dijo lo mismo. ¡Qué bello detalle! A todos nos habían dado pulseras como regalo de bienvenida; después de eso el profesor nos indicó dónde iba a estar el camión y cada quien se fue.

Aunque hay influencias extranjeras, ellas siguen conservando su vestimenta típica.
Aunque hay influencias extranjeras, ellas siguen conservando su vestimenta típica.

El dulce sabor de esa bienvenida fue disminuyendo poco a poco conforme iba caminando por la calle de Chamula, la calle estaba llena de puestos comerciales que iban desde pulseras y artesanías hasta playeras y bolsas, mientras más te adentrabas a la calle más le bajaban el precio a los artículos. Me detuve en un puesto a contemplar a un pequeño perrito que se paseaba por ahí, en eso, un niño (con una pequeña desfiguración en la boca) se me acercó y me dijo que el perro era suyo, le contesté que estaba muy bonito, él no me permitió decirle otra cosa cuando me soltó un “¿tienes una moneda para que me pueda comprar una torta? No he comido nada en todo el día”. Mi corazón se hizo chiquito, ¿dónde estaban los papás de este niño que no había comido? Lo peor de todo es que al seguir caminando los niños hambrientos cada vez eran más recurrentes; al entrar en una calle (dónde todo se veía muchísimo más descuidado) vimos a una señora con sus hijos pequeños lavándose los pies en un intento de río (sucio). No podía creer la condición en la que viven estas personas, después de hablarlo con mis compañeros me enteré que el gobernado de Chiapas, Manuel Velasco vive con puros lujos.

No puedo concebir cómo una persona puede vivir tranquila sabiendo que su gente muere de hambre y vive en la miseria todos los días. Él, teniendo el poder de cambiarle la vida a tantas personas prefiere aumentarle un cuarto más a su casa y es aquí cuando opino que el país está perdido.

¿Cómo hacerle para mejorar el país si sus mismos gobernantes son los que se empeñan en destruirlo?

En conclusión, el viaje a Chiapas fue hermoso, pero ojalá la gente con el deber de ayudar a los suyos se hiciera cargo. La avaricia no debería poder más que la bondad. No entiendo como pueden dormir de noche tan tranquilos.

 

 

 

 

*Comunicóloga en proceso, amante de la lectura y el café. Maestra pokemón en mis tiempos libres y haciendo justicia cibernética en mis tiempos laborales.