Seis meses

Una reflexión sobre lo efímera que es la vida. Una reflexión sobre lo efímera que es la vida.

Danya Cervantes/Tercer semestre

 

Tu corta vida y tu repentina muerte me han hecho reflexionar más que las teorías filosóficas con sus planteamientos acerca de nuestra existencia. Es asombroso que en sólo seis meses, pudieras marcarnos para siempre.

No entiendo por qué sólo estuviste aquí de abril a octubre; no sé por qué tus piernas nunca fueron lo suficientemente fuertes para que pudieras caminar y así recorrer un largo trayecto; no logro entender por qué no aprendiste a pronunciar palabras, canciones, idiomas… No lo sé, pero si me esfuerzo puedo llegar a la conclusión de que tu historia en la Tierra se escribió corta desde un principio para que en poco tiempo experimentaras lo más esencial y puro de la existencia: el amor incondicional de tu madre, la fuerza y cuidado de tu padre, los brazos suaves de tu pastor, las palabras dulces de Cinthy, los besos de tu abuela, las risas de tus primas y sobre todas las cosas, la fidelidad de tu Creador.

Fueron sólo seis meses, pero los viviste en su esencia más pura. No te contaminó un mundo lleno de odio y corrupción, no descubriste la maldad de tu interior, no te decepcionaste al ver la poca congruencia que existe entre las ideas y las acciones, no te rompieron el corazón. Dios quiso tenerte más cerca que a nosotros, más pronto que a nosotros, porque eres muy amado.

Al ver el sufrimiento que causó tu partida, las lágrimas y gritos de dolor, sólo puedo pensar en cuán efímera fue tu vida y cuán fugaz lo es la mía también.

Me hiciste cuestionar a qué consideramos “una buena vida” y considero que no se tiene que envejecer y morir a los noventa años para llegar a esa conclusión. Creo que tú viviste una maravillosa vida con lo esencial de la existencia y la compañía del mismo que te formó.

La muerte es siempre inexplicable, sorpresiva, impactante, pero también nos enseña lecciones. Nos reta invariablemente a reflexionar sobre la vida, a detener el reloj y pensar qué tan vivos estamos, qué tan fuerte reímos, qué tantas lágrimas derramamos, con cuánta pasión nos despertamos todos los días, qué tanto amamos.

Por eso tu muerte no pasará desapercibida en mi vida y escribo esto con la intención de que no pase desapercibida en la de más personas, mismas que jamás te conocerán, pero que sí podrán agradecer conocer tu corta historia para vivir con intensidad la suya.

Gracias por este tiempo Aarón, gracias por contagiarnos de luz y felicidad, por haber vivido la esencia de la existencia y gracias, infinitas gracias por recordarme cuán efímera es la vida y cuánto más tengo que vivirla.

Tu enseñanza permanecerá, así como tu sonrisa grabada en mi memoria, hasta el día en el que mi historia aquí también termine y pueda encontrarte otra vez.