Ser contemporáneo

Luces y sombras

 


Por: Sofía Priscila Pérez Valle

Siempre he disfrutado del arte contemporáneo, sin embargo debo admitir que para mí dicho término se refería a lo novedoso, lo innovador y lo actual. Gracias a un texto de Giorgio Agamber, es que pude abrir un poco el panorama y darme cuenta de que alguien contemporáneo es aquel que no coincide perfectamente con su tiempo ni se adecua a sus pretensiones, logrando así una capacidad mayor de percibirlo tal cual es y aprehenderlo. Un hombre inteligente puede no estar a gusto en su tiempo, pero entiende que no puede escapar de el. Nietzsche dice que la contemporaneidad es “la relación con el tiempo que adhiere a éste a través de un desfase y un anacronismo.”

El texto dice que quien se adapta a la época, la entiende y se maneja en ella con naturalidad, no es contemporáneo puesto que se ha desvanecido entre la realidad y le es imposible objetivarla.

Un ejemplo de ello es Osip Mandelstam, autor de la poesía “El siglo” (1923) en la que se refiere a esos cien años como su siglo, su muy personal visión de aquel periodo le otorga a la poesía el toque auténtico contemporáneo. Según Giorgio Agamber, se trata de percibir las sombras y no las luces, a lo que yo agrego, que es necesaria una postura si bien no negativa, si sincera y particular. Esto también se relaciona con cuestiones astrofísicas ya que la luz proveniente de las galaxias se aleja de la tierra a una velocidad superior a la luz. – “De ahí que ser contemporáneos  sea, ante todo, una cuestión de coraje: porque significa ser capaces no sólo de mantener la mirada fija en la sombra de la época, sino también percibir en esa sombra una luz que, dirigida hacia nosotros, se aleja infinitamente” -Asegura Agamber

Esto genera una ruptura de los tres tiempos básicos, haciendo que el presente sea inconcebible, ya que siempre es demasiado temprano o demasiado tarde, las cosas suceden o jamás llegan, se trata de la discontinuidad del tiempo en donde tienen cabida las modas pasajeras que están sin excepción adelantadas a su tiempo e irónicamente una vez en el mercado, pasan a ser desplazadas por tendencias aún más novedosas. El “estar a la moda” sería más bien una cuestión de actitud y soltura en las que no quepan los prejuicios. Aquellos que han pensado en crear algo verdaderamente contemporáneo, lo han hecho introduciendo en el tiempo una des-homogeneidad esencial. Han hecho del tiempo, su propio tiempo, invitando a los demás a ser parte de una época que se de ha adaptado a ellos y no viceversa. ¡Eso es ser contemporáneo!