Shalalala…o a veces cuando se gana se pierde.

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Se puede decir que los amantes del cine se dividen entre los que odian los musicales y los que no. Por lo general, ganan los que lo desprecian y hacen muecas al escuchar de un nuevo musical, argumentan que es un género pasado de moda, cursi, teatral y superficial, pues eso de que de la nada aparezca la música y todo mundo se ponga a bailar y cantar ya no convence a muchos. Con el éxito de La La Land, me impulsó a hacer esta rápida revisión que les propongo, sin pretender abarcar todo lo que se ha producido del género.
Los libros de historia del cine mencionan la película The jazz singer (Alan Crosland,1927) como el primer filme con sonido sincronizado y el primer musical comercial que dio paso al cine sonoro y con ello a la fascinación por los musicales. Posteriormente se produjeron una gran cantidad de ellos, aunque con el tiempo el género se desgastó después de los grandes éxitos de la década de los cuarenta y cincuenta del Siglo XX, aunque se han seguido produciendo y algunos con mucho éxito comercial. El célebre musical Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly, Stanley Donan, 1952), es un ejemplo clásico del género.

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Debbie Reynolds Gene Kelly Singing in the Rain

La lista es larga: quien no recuerda a la archi famosa El mago de Oz dirigida por 4 grandes cineastas: Fleming, LeRoy, Cukor, Vidor, Taurog (1939),

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Los caballeros las prefieren rubias (Hawks, 1953), las diferentes versiones de Los Miserables ( basada en la no menos célebre obra de Víctor Hugo), Cabaret (Fosse, 1972) y la estupenda, hippie y contestataria Hair (Milos Forman,1979), entre muchos otros.

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El espléndido Fred Astaire que hizo pareja con muchas divas, aquí con Ginger Rogers

1935:  Ginger Rogers (1911 - 1995) and Fred Astaire (1899 - 1987) as Dale Tremont and Jerry Travers respectively, in a dance routine from the RKO film,'Top Hat'. The film was directed by Mark Sandrich with costumes by Bernard Newman and choreography by Fred Astaire and Hermes Pan.  (Photo by John Kobal Foundation/Getty Images)
1935: Ginger Rogers (1911 – 1995) and Fred Astaire (1899 – 1987) as Dale Tremont and Jerry Travers respectively, in a dance routine from the RKO film,’Top Hat’. The film was directed by Mark Sandrich with costumes by Bernard Newman and choreography by Fred Astaire and Hermes Pan. (Photo by John Kobal Foundation/Getty Images)

Después del descenso de los musicales en las pantallas cinematográficas, el género encontró su espacio ideal en Broadway; pero se sigue produciendo para el cine. Algunos de los más recientes constituyeron una reinvención del género ofreciendo a los amantes de las luces y lentejuelas un gran espectáculo; así recuerdo a la intensa All that Jazz (Bob Fosse, 1979), a una barroca y preciosista Moulan Rouge (Baz Luhrmann, 2001), a la gran producción de Chicago (Rob Marshall, 2002), y a muchas más que por secuencias se alejan de lo teatral-musical y desarrollan narrativas más propias del cine.

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En esta breve revisión, podemos ver que no sólo hay argumentos tontos e historias banales; hay que recordar la espléndida Dancer in the dark de Lars Von Trier (2000) que ofrece una resignificación radical del género y demuestra que los musicales pueden tener un argumento nada superficial, sin luces, joyas y trajes lujosos, y de no representarse en un contexto de lujos y excesos, todo lo contrario, Dancer in the dark es una cinta dura, nada complaciente y tristísima que recrea una tremenda historia de incomprensión y miseria humana, aquí la evasión musical es lo único que le permite a la protagonista, la espéndida Björk, fugarse por un resquicio de felicidad y vida.

bailando en la oscuridad

Así llegamos al musical del momento, este que ha causado tanto revuelo y éxito en taquilla. Con 7 Globos de oro y al parecer 14 nominaciones al Oscar La la Land (Damien Chazelle,2016) es una cinta que, para mi gusto, es una combinación de musical y drama cotidiano; ya que no es del todo cantada, la primera mitad es un gran homenaje a los grandes éxitos musicales.
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El argumento es simple y común, aunque no del todo predecible: una pareja se conoce y, después de varios desencuentros, se enamoran, viven el invierno, la primavera, se comprometen, viene el verano, y no, no fueron felices para siempre. Sebastian (Ryang Grosling) es un músico amante del jazz que elige entrar en el circuito de la música comercial con mucho éxito, impulsado por la demanda que implica vivir en pareja; mientras era un hombre solitario, no había problema por ser un músico radical defensor del jazz así no tuviera dinero, sobreviviendo de tocar en pequeños bares. Mia (Emma Stone), por su parte, es una aspirante a actriz que se cansa de ser rechazada en los castings. Sebastian se va incorporando a un ritmo de vida intenso y exitoso que lo aleja de ella, Mia desilusionada porque no está pasando nada en su vida, está a punto de “tirar la toalla” cuando recibe un buen empujón de su amado Sebastian, de quien ya se ha separado.

Protagonistas
Protagonistas

El final no es feliz y sí lo es. Ambos obtienen lo que buscaban, ella éxito, él un lugar para seguir tocando la música que quiere. Al final, la película nos narra de una linda manera un lugar común que todos conocemos bien:
No se puede tener todo en la vida. Sin ser un argumento complejo, la novedad en la historia es que no hay situaciones trágicas, ni rupturas por infidelidad, traiciones, violencia o abuso de drogas y alcohol, nada de eso, ellos son simplemente una pareja que elige, esas decisiones los orillan a ir por caminos distintos. Tan sólo eso. Más de la mitad de la película es una historia cotidiana, romántica, en la que los personajes van tejiendo sus vidas.
Lo que a mí me pareció muy interesante es que el director claramente propone que “lo musical” es un estado de ánimo, está asociado a momentos de la historia en donde todo es más fácil, el amor florece, hay ilusiones, (un poco de ingenuidad, tal vez) y “la vida es una sonrisa”. Los números musicales no son muchos, ni masivos, (salvo el de la carretera), ni espectaculares, (no hay luces, lentejuelas, ni escenarios fastuosos), eso sí, hay innumerables referencias y homenajes a otros musicales; la música de Justin Hurwitz un acierto, suave y pegajosa, Emma Stone, muy bien, Crosling, no tanto para mi gusto. Es comprensible porque La la Land gusta al gran público e inspira a muchos.
No soy fanática de los musicales, pero me gusta el cine que entretiene y que inspira de algún modo y ésta lo hace. El final, no me convence del todo, apresurado e inverosímil. Pero sin duda es una película disfrutable que logra que salgas tarareando: “City of stars…shalalalalalala”

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