¡Silencio México! ¡Silencio!

terremoto

Por: Andrea Contreras Flores*

México… qué forma de recordar lo que hace 32 años viviste, patria… ¡qué forma de revivir el pasado! Septiembre, el mes patrio, que más que la tradición, nos hace recordar realmente lo que significa ser mexicanos. En septiembre se canta, se come, se grita. Hoy al igual que 32 años, también se vuelve a llorar.

Llanto que inicia un jueves 7 de septiembre con el terremoto de Chiapas que tuvo una magnitud de 8,2, con epicentro en el golfo de Tehuantepec. Los estados de Chiapas, Oaxaca y parte de Guatemala son afectados por este gran terremoto. De inmediato se crea un ambiente de incertidumbre, tristeza y miedo. Desde luego te preguntas el por qué de estas cosas, luego te das cuenta de que son manifestaciones que la naturaleza simplemente reclama. El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, indicó que en esa entidad tienen el registro de 76 fallecidos. En Chiapas murieron 15 personas y 4 en Tabasco. Los municipios con mayores afectaciones son Juchitán, Unión Hidalgo, Ixtaltepec y Astata. Las autoridades estatales contabilizan entre los damnificados al menos a un millón 479 mil 575 personas.

Foto por: @tryno (Reforma)
Foto por: @tryno (Reforma)

Pero a pesar de toda esta tragedia la información no tiene alcance internacional. Se ruega para que la gente done y se involucre en actividades para ayudar a los damnificados, existe apoyo pero no en exceso. Y de repente sucede lo inesperado, cuando creíamos que las cosas no podían estar peor, pasa lo sucedido este 19 de septiembre; el centro del país es sacudido por un terremoto de magnitud 7.1, pero ahora de manera sorprendente las redes se prenden y todo gira en torno a este fenómeno.

La ayuda que se está generando para el centro del país es impresionante, incluso a nivel internacional la atención que provocó este último incidente es muy diferente a lo que sucedió en Oaxaca y Chiapas. ¿Qué nos quiere decir esto?, ¿por qué de repente todos pedimos por la #FuerzaMéxico y estamos involucrados en movimientos? La cuestión aquí es, ¿todos queremos ayudar? o ¿todos queremos que vean que queremos ayudar?

No podría quejarme por la reacción positiva que ha tenido la gente, pero me da la impresión de que influye mucho que la afectada sea la capital del país.
Sería erróneo criticar a las redes sociales y darles todo el peso negativo, pues han marcado diferencia en cuanto a la agilización de búsqueda de personas y están jugando un papel importante en la solidaridad.
A diferencia de 1985, ahora la ayuda se mueve veloz a través de las redes sociales, que llegan al máximo número de personas en el menor tiempo posible. Por eso, se convierten en una herramienta fundamental para difundir información útil, pero el riesgo de caer en la desinformación se hace latente.

No tengo cabeza ahora para pensar en cómo los medios de comunicación podrían sacar ventaja de estas situaciones, de cómo figuras públicas pudieran usar sus redes para simpatizar con las personas y crear más fama, pensar así no arregla nada. Sin embargo sí creo pertinente el hecho de guardar silencio.

Foto por: Pedro Mera/ Getty Images
Foto por: Pedro Mera/ Getty Images

Si estamos dispuestos a ayudar… guardar silencio, si vamos a llorar… guardar silencio. Si nos queremos informar, hacerlo por los medios que más guarden silencio, no de aquellos que quieran generar dramas innecesarios, ya tenemos demasiada desgracia como para crear más. Guardar silencio consiste en ayudar efectivamente.

Se dice que en el centro la gente anda como gallinas sin cabeza, que están desesperados y que, queriendo ayudar, están complicando la situación.
Lo están haciendo bien, no lo dudo, ver tanta fuerza, tanta esperanza y actos de heroísmo no se juzga, sin embargo también tenemos que saber ayudar, canalizar nuestra desesperación y fuerza para hacerlo efectivo.

Existe una logística para el rescate de aquellos que están bajo los escombros, que consiste exactamente en hacer silencio. Entonces ¿por qué no podemos entender esas señales? La Tierra, el Universo, la naturaleza, están pidiendo a gritos que guardemos silencio y que escuchemos, porque evidentemente muchas cosas no las estamos haciendo bien. Y al guardar silencio no me refiero a la pasividad y conformismo, me refiero a que ya deberíamos de empezar a escuchar a los que están abajo, a aquellos que piden ayuda.
Por eso México, cuando alcen el puño, ¡silencio!

Foto por: Pedro Pardo/ AFP
Foto por: Pedro Pardo/ AFP

¡Qué fuerza! hemos aguantado tanto y aún así sobreviviendo, nuestra implacable alegría no se mancha. Se dice que la grandeza de México está en la solidaridad que tenemos, pero ¿qué tan efectiva es esta solidaridad? Quizás nos hace falta una porción de disciplina para poder engrandecer este valor.

“¿Qué podemos hacer?”, “¿cómo podemos ayudar?” Son las preguntas frecuentes en estos tiempos de crisis, y como toda crisis es importante reconocerla como un proceso con fases. Ahora es el tiempo de la ayuda en masa, aquella irracional y sentimental, pero esto no se puede quedar en esta primera fase; hoy le toca al pueblo, pero para lo que viene necesitamos a  empresarios, intelectuales, académicos, políticos etc. Pues el problema de reconstrucción, tanto en estructura como en calidad de vida, es una prueba que el pueblo no puede resolver solo; el peso es parejo.

Que quede claro, hoy todo mexicano necesita dar y recibir ayuda, no sólo el centro. Hemos demostrado lo fuerte que somos, que aunque la inseguridad, corrupción, injusticia, desastres naturales nos derrumben, somos capaces de levantarnos juntos, pero más que levantarnos, ya es tiempo de guardar silencio y aprender a escuchar, pues ahora más que nunca, desde las profundidades de la Tierra nos están hablando.

*Alumna de séptimo semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación