De donas y elecciones. Crónica del 7 de julio 2013

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Un domingo más en Cancún que amaneció igual que cualquier verano, con un clima caluroso, mucha humedad y lluvia tropical a media mañana. En lo social el día estuvo marcado por dos fenómenos  de ámbitos muy distintos, pero que es posible conectar por la respuesta ante los mismos: tuvimos elecciones locales, se renovaron diputaciones y la presidencia municipal de Benito Juárez y el otro fue la inauguración de un local de donas marca Krispy Kream, una franquicia norteamericana, que inició en Nueva Orleans y  que es lo de “hoy”. El primer acontecimiento sólo convocó al 30% aproximadamente de los votantes del padrón electoral.  Las Krispy Kream convocaron a cientos (miles?) de personas que desde muy temprana hora de la madrugada se apostaron a ACAMPAR, sí oyó usted bien ACAMPAR, en las instalaciones, estacionamiento del local por conseguir una cajita gratis de las famosas donas cada mes. Por supuesto, el sacrificio les valió también  su típica gorrita y camiseta de la marca, cualquier similitud con los partidos que regalan gorritas, camisetas y tortas, es mera coincidencia. Algo muy raro y feo nos está pasa como sociedad mexicana, cuando la apertura de un local de donas, (“no cualquier dona, dirán, es una marca gringa super nice”) nos convoca más que las elecciones para renovar diputaciones y presidencias municipales. Veamos algunas consideraciones  sobre estos dos asuntos, evitando lo más posible caer en los lugares comúnes y los azotes de conciencia “cívica”.

Primera. Ni las elecciones, ni los políticos convocan.

La respuesta obvia es porque la gran mayoría de los mexicanos estamos más que decepcionados de la política y, al menos en mi caso, no porque no estime que la vía política  es el mejor camino  para definir nuestro destino como  nación; pero simplemente son tan sucias y con tantas “irregularidades” que uno termina con la certeza más que reconfirmada de que para qué votar  si todo está “amarrado”, si las contiendas electorales fueran confiables realmente, otro gallo nos cantara, pero allí no termina todo, si vieramos una sensible mejoría en la calidad de vida de millones de compatriotas, además de la solución de nuestros problemas más apremiantes, también las urnas nos convocarían mejor.  El punto es que el sistema de partidos políticos en nuestro país es obsoleto, cupular, de cotos y mafias, prebendas y concertacesiones, es  inmoral y tan corrupto que por más ciudadano comprometido que seas, ya no te convoca lo suficiente.

Segunda.  No son las donas  las que convocan es la marca. Estamos ante una “experiencia” cultural, simbólica.

Esto es definitivamente un asunto igual o más complejo, pero es una respuesta cultural que no es la primera vez que se presenta,  sucede  cada vez que se abren estos establecimientos de marcas globales en las principales ciudades de nuestro país, y eso sucede no sólo en México, sino en todo el “tercer mundo”.

El mexicano promedio, ya no digamos el que tiene muchos más recursos, está ávido de sentirse como en las principales capitales de Estados Unidos, Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, etc.  y en una ciudad de provincia los ciudadanos están hambrientos por gozar un poco de  la vida cosmopolita por lo menos del  DF, Guadalajara o Monterrey. Cancún es una ciudad joven, moderna, que ha atraído a personas de todas partes de la República, y en estos últimos años ha crecido a un ritmo acelerado,  me parece que se vive una cierta ansiedad por dejar de ser un pueblo,  “provincianos” para convertirse en ciudadanos cosmpolitas que “saben” lo que es bueno, que conocen de marcas.
A esto le agregamos nuestro ya muy arraigado malinchismo, nuestra acendrada necesidad de superar lo más rápido posible nuestro pasado indígena, mestizo, dejar la “naquez” como principal atributo nacional (según ellos,  favor de leer a Monsiváis) y vivir desesperadamente el México imaginario que explica muy bien el gran antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla en el indispensable texto México profundo.

¿Qué no saben que es más “naco” comportarse así, como una masa irreflexiva que acude al llamado de una marca por conseguir una dádiva, unas donas al mes gratis, su camiseta y su gorrita? o acudir al llamado para darse un baño de modernidad, de estatus, de prestigio, de lo chic,  lo de “hoy”, vivir la experiencia.

Tercera. La mercadotecnia sí funciona.

Eso sí me queda claro, que la marca Krispy Kream desarrolló una muy buena estrategia de mercado. No tengo la información de qué fue lo que echó a andar, pues hasta ahora no me había interesado en el nuevo establecimiento, pero miren que lograr que la gente acampara e hiciera filas de horas para comprar sus primeras donas, por supuesto que es un éxito y es que está claro, la mercadotecnia tiene muy claro que cartas jugar y hoy cada vez más le apuesta a los aspectos emocionales del individuo, a sus motivaciones y deseos imaginarios y simbólicos. “No te estas comiendo sólo una dona, sino toda una experiencia” ese es el mensaje, ser parte de este gran concierto global de marcas que nos proveen de las percepciones y modos de ser a través de productos y servicios, bueno, ya cada quien sabrá cuales son sus marcas  preferidas y porqué las siguen, pero la idea me sigue atormentando, ¿acampar toda una noche por unas donas? estaba acostumbrada a qué eso pase por un concierto, el estreno de una película, un partido de futbol  (lo cual también hay que revisar), pero unas donas?

Conclusión.

En contraste la mercadotecnia política no funciona y no convoca al ciudadano común, yo creo que sólo es terreno de batalla para los partidos y sus opositores, los que decidieron no votart, no hubo cartel o pendón que les moviera a nada.

Finalmente, no es para nada “culpa” de la marca Krispy Kream ellos están haciendo lo que toda marca hace, expandir su mercado. El verdadero problema es que algo anda mal en nuestro  país, cuando  el mismo día de elecciones, puedes contrastar la respuesta entre el entusiasmo que genera una marca global nueva en la ciudad, y la pobrísima respuesta  para ir a votar. Eso me imagino que a los políticos les gusta y a las marcas pues todavía más. Qué pena.